El milagro fue que el Barça no remontara
Fue injusto para los de Flick, pero también fue justo para los de Simeone después de la ida.
Entre otras tantas cosas, al fútbol le gustan los imposibles. Su impredecible naturaleza ofrece siempre un espacio de redención, que casi encuentra el Barcelona en una actuación en la que no se puede reprochar nada frente a un Atlético que se empequeñeció y tuvo que vivir de las rentas. Se lo había merecido en el Metropolitano.
Del partido de ida, había un cambio sustancial con nombre propio: Pedri. El regreso del canario invirtió por completo la escenografía del encuentro, orientó al Barça en la dirección adecuada y privó al Atlético de una respuesta creíble en cualesquiera de sus registros futbolísticos. Acompañado por un Bernal emocionante, cuyo rendimiento traspasó el aspecto goleador, dio una nueva clase magistral de control y tiempo, imaginación y desparpajo, recuperación y sentido de la colocación.
Desde esa superioridad en la medular, el Barcelona manejó el panorama. La forma en la que apretó la salida del Atlético y equilibró el bloque para recuperar definió su compromiso colectivo. Mordió como requería la ocasión, y atrás se ajustó para no verse expuesto. Cubarsí fue el jugador rompedor que irrumpió en su momento para anticipar y achicar todos los espacios. En un estrato inferior, Gerard Martín también contribuyó a sustanciar esa capacidad reponedora del Barça.
Con la pelota, el Barça lo dejó todo en manos de Pedri, los desmarques de Raphinha y la inventiva de Lamine en la banda. El extremo tuvo un buen aliado en Cancelo, que para eso vino, con Ruggeri superado. Además, en todo manual de la remontada la estrategia resulta imprescindible. Así abrió el marcador el Barcelona, que estresó al Atleti, con un 15-0 en saques de esquina.
En los ataques posicionales, le faltó algo de lucidez entre líneas. Ferran anduvo ciego en la finalización, Olmo entró errático y Lewandowski no estaba. El polaco le hubiera venido de perlas a Flick, que debió tirar de Araújo para que se desempeñara como delantero. Pudo parecer una ocurrencia temprana, pero no le quedaba otra ventana de sustitución y el técnico alemán pensó en el efecto del uruguayo en la zona de remate. Claramente, no le terminó de funcionar esa decisión.
El Barcelona jugó la clase de partido para remontar, pero el Atleti también lo hizo para dilapidar su amplia ventaja. Pese algún tramo positivo, sobre todo al final del primer tiempo, se quedó en la penumbra ante la presión tras la pérdida de los de Flick. Por momentos quiso extender sus posesiones, estirarse en ataque y finiquitar el trance en las transiciones. Solo por momentos. Koke y Cardoso quedaron desdibujados por el alto ritmo del Barcelona, Julián no dio la continuidad suficiente, Giuliano se perdió en la carrera y a Lookman le faltó filo en la definición y último pase. Apenas Griezmann, qué será de su futuro, entendió lo que se pedía.
Los que salieron después poco tuvieron que decir en un equipo que se quitó el balón de encima y acabó amurallado en su propia área con tres centrales. Nahuel tembló nada más pisar el césped, el cambio de Llorente al medio no trajo ninguna mejora y Baena, tampoco Sorloth, pesó en el encuentro hasta el tiempo añadido. El final supuso una renuncia absoluta a jugar en campo contrario ante un Barça que llegaba exhausto y derrotado en el cómputo general a la meta. Fue injusto para los de Flick, pero el desenlace también fue justo para los de Simeone después de la ida. En cualquier caso, el milagro fue que el Barça no remontara.
Descompensación
El Atleti se desconecta en el balance y el Barça encuentra la superioridad con Lamine en la banda derecha. Una acción que los de Simeone no se podían permitir. Musso frenó después a Ferran.
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