Opinión

Simeone, desde el gran angular

No sólo ha llevado a la élite al Atlético; lo ha instalado ahí y por eso ha proliferado el capital.

Simeone, en el Atlético-Barça.
SERGIO PÉREZ
Juan Jiménez
Redactor Jefe
Redactor jefe de AS. Fue colaborador en AS (2000-04) y, después de pasar por Málaga Hoy, regresó como jefe de Sección en Málaga. Delegado de Andalucía entre 2009 y 2012, colaboró en la integración digital-papel de AS en Madrid. Cubre la información del Barça y la Selección de baloncesto. Tres Juegos Olímpicos. Colaborador de SER, Canal Sur y Gol.
Actualizado a

Escuela alemana. La Copa huele a fútbol; y la final es su elevación. El cartel, Atlético-Real, es imponente. Clubes con un ayer, como aquella histórica final de La Romareda en 1987, resuelta en penaltis con Arconada agigantándose. Pero también con un presente brillante. Pellegrino Matarazzo ha sido uno de los personajes de la temporada. Cogió un equipo que daba bandazos y lo ha conducido a las puertas de la gloria. Una vida que es un viaje fantástico en busca de su pasión. Nacido en Estados Unidos, pero de orígenes italianos e instalado en Alemania desde hace 25 años, conoció a Nagelsmann en la escuela de entrenadores y ya es uno más en estos años de esplendor de técnicos alemanes, entre los que se incluyen Klopp, Flick, Tuchel o Terzic (que irá al Athletic), todos ellos bajo el manto protector del gurú, Ralf Rangnick.

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El Cholo. Si Matarazzo es uno de los entrenadores del año, Simeone lo es de los últimos quince. Las temporadas con él se pueden hacer largas. Se le pueden achacar cosas. Alguna final perdida, una Liga como esta a 22 puntos del Barça, la gestión de algunos talentos… Pero basta con abrir un poco el foco para concluir que es el entrenador que ha llevado y, sobre todo, instalado en la superélite al Atlético, un club que estaba desorientado, dando tumbos y en Segunda a principios de siglo. Si en el Atleti han proliferado las ampliaciones de capital; si ha podido hacer inversiones fortísimas en jugadores, es gracias al podio al que le ha subido el argentino. Después de tantos años, sin embargo, está ante uno de los meses más importantes de su carrera. Hoy entregará su confianza a Koke y Griezmann, con los que mantiene una conexión casi cósmica. La Real también tiene un trozo de su escudo en Oyarzabal, un jugador que representa unos valores con los que se identificaría cualquiera. Mikel y su gente merecían esta final después de aquella de la pandemia. Es un día grande para el fútbol.

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