El Rayo alcanza el Olimpo
En casa de Zeus, los rayos vinieron de Vallecas. Otra noche para la mitología del Rayo. Otro pasito más cerca de Leipzig.


En casa de Zeus, los rayos vinieron de Vallecas. Otra noche para la mitología del Rayo. Otro pasito más cerca de Leipzig. Un equipo que se ha ganado los laureles por sudor y resistencia, porque si el barrio no se rinde, ellos tampoco. Lejeune honró a Ares, dios de la guerra, siendo un ejército de un hombre. Isi emuló a Poseidón, señor de los terremotos, generando uno con ese 3-1 en el Estadio Agia Sofia. El fuego de Hefesto estuvo en las botas de Chavarria, de tanto correr y correr. La música de Apolo fue el temple con el que Óscar Valentín y Pedro se hicieron con las riendas cuando peor pintaba. Y así, el Rayo envió con Hades a su séptimo contrincante europeo: Neman Grodno (Bielorrusia), Shkëndija (Macedonia), Lech Poznan (Polonia), Jaggielonia (Polonia), Drita (Kosovo), Samsunspor (Turquía) y ahora al AEK líder en Grecia.
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Ha habido una generación entera de rayistas que se ha pasado los últimos 25 años rememorando lo de Burdeos en aquella legendaria Copa de la UEFA y maldiciendo al Alavés por dejar a su equipo sin unas semifinales europeas. Esta vez para plantarse en Atenas volvieron a vivir una odisea, huelga aérea incluida, que ni la que acaba de rodar Christopher Nolan. Pero qué importan los kilómetros, las inverosímiles escalas y la agonía. La deuda europea queda resuelta. Que siga la fiesta. El Paragüero, como empieza a conocerse con cariño y con el habitual cachondeo vallecano al trofeo de la Conference por su peculiar diseño, ya no se ve como una quimera. Está cerca, ahí.
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