Opinión

Alcaraz siempre frena en la tierra

El murciano, forzosamente, se ha borrado todos los años de algún escenario por contratiempos físicos en la gira de arcilla.

Alcaraz siempre frena en la tierra
Alejandro García
Juan Gutiérrez
Subdirector de AS
Subdirector de polideportivo. Ha desarrollado toda su carrera en AS desde 1991. Cubrió dos Juegos Olímpicos, siete Mundiales de ciclismo y uno de esquí, 12 veces el Tour y la Vuelta, seis el Giro… En 2007 fue nombrado jefe de Más Deporte, puesto que ocupó hasta 2017, cuando ascendió a subdirector en las áreas de Motor, Baloncesto y Más Deporte.
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El Trofeo Conde de Godó avanza sin su máximo favorito en pista. Y con Rafa Jódar como nueva sensación. Carlos Alcaraz solo pudo jugar un partido, el martes ante Otto Virtanen, pero al día siguiente tuvo que anunciar su retirada por una lesión. Su adiós reincide en su irregular trayectoria en la temporada de tierra batida, que no ha podido completar en los últimos cinco años. Alcaraz, igual que en su día Rafa Nadal, tiene un vínculo sentimental con el torneo de Barcelona, por eso lo incluye en su agenda siempre que el cuerpo se lo permite, a pesar de ser un ATP 500, que contrasta en categoría con los tres Masters 1.000 de Montecarlo, Madrid y Roma, y, por supuesto, con Roland Garros. En buena lógica, el Godó sería el más propicio como descarte en este agónico calendario sobre polvo de ladrillo. Ya lo dijo Carlitos después de su choque ante Virtanen: “Quizás esta semana es en la que tocaba descansar”. No lo hizo.

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Al final, Alcaraz ha parado, pero forzosamente. Todos los años se ha borrado de algún escenario por algún contratiempo físico: en 2022 fue baja en Roma; en 2023, en Montecarlo; en 2024, en Montecarlo, Barcelona y Roma, y en 2025, en Madrid. Este curso, de momento, ha interrumpido el Godó y acaba de anunciar su ausencia en la capital. La exigencia es mayúscula sobre tierra. Por un lado, por las apreturas del calendario. El año pasado, Alcaraz disputó diez partidos en doce días en la suma de Mónaco y la Ciudad Condal, donde jugó las dos finales. A esa concentración hay que añadir los problemas que generan los cambios de superficie, la adaptación de la pista dura, que culmina con Miami, a la arcilla, que comienza una semana después en el Principado. Ni siquiera Nadal, con su voracidad en el albero, fue capaz de ganar los cinco torneos el mismo año. Estuvo cerca, pero no lo logró. Y su físico también se lamentó.

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