007: The World is not enough
007: The World is not enough

The World is not enough

Antes de que la moda por los agentes secretos y los simuladores de espionaje se elevara como la espuma y dejara huella entre los millones de usuarios consoleros, había un hombre solitario enfrentado a toda una corporación de conspiradores, el único que prefería antes una trozo de trapo bañado en éter para adormecer a traición a todos los guardias merodeadores de una zona, que disparar como un descosido ayudado por una AR-90 semiautomática con ráfagas de 15 balas entre descarga.

Luego, automáticamente mis piernas me llevaron a otra separación del terreno, esta vez, por la izquierda, desde la cual, dejándome caer por la pendiente pude ponerme sobre la marcha un chaleco antibalas que me venía como anillo al dedo.

Habiendo pasado un tractor anaranjado, muy cerca yacía la primera estación con el combustible a destruír, así que apuntalando a la parte rojiza situada a la base, y acertando un par de dianas tuve más que suficiente. No en valde, me aproximé bastante a ella para tener un campo de visión con menos riesgos (B).

Inmediatamente después las señas mas remarcables son sin duda la unión de unas cuantas casetas de madera con francotiradores en la azotea, y un enorme tubo que transportaba el gas hacía otra parte de la montaña. Pasando por debajo me aproximé a un camino más angosto que el anterio, y con un múltiples rocas desperdigadas por todo el terreno. Unos metros después, proseguía nuevamente un túnel natural con otros dos caminos, esta vez, decidí seguir el de la derecha, que ya tenía pensado cursar por defecto. Bien hice en tomar aquella decisión, puesto que un tiempo tras este suceso me encontré con una casa más, y enfrente, otro chaleco por si había perdido el anterior sus utilidades. Con este ya en mi pecho, giré bruscamente hasta la izquierda en busca de la mejor posición para dar a la segunda torreta de combustibles, siguiendo el mismo proceso que anteriormente (C).

Lo que vino después fue un proceso puramente mecánico. Lo único destacable fue un puente de madera al que se me avanzaba un tipo que se creía un as en esto del esquí, una fábrica con una bonita rampa en la que demostrar mi habilidad, y altibajos que hasta me hicieron despeinar a mi, al hombre de la gomina permamente.

Intuí que el final se acercaba al ver avetos por doquier distorsionando como nadie mi camino directo hasta el punto álgido de la misión. Entonces, una enorme hilera de barriles con petroleo se tendían ante mi con la amenazador amirada de un helicoptero que había venido en mi búsqueda. Evitando explosionar los tanques, terminé sano y salvo junto a mi acompañante este viaje que tan poca adrelanina me había hecho desprender... yo ya estoy acostumbrado a estoa ajetreos (A)(D).