Pasaba por aquí | Javier Aznar

Ligero de equipaje

La paradoja es deliciosa: el Madrid ha parecido más equipo cuando tenía menos equipo. A veces el fútbol solo necesita menos para ser más.

Florencia Tan Jun
Colaborador Diario As
Actualizado a

Menos es más. Es una de esas frases que suenan a lema de arquitecto minimalista o a consejo de vida que se repite sin pensar demasiado. Pero en el fútbol, de vez en cuando, cobra sentido. Esta semana lo ha hecho en el Real Madrid.

No es casualidad que el equipo blanco haya encadenado probablemente sus dos mejores partidos de la temporada justo en la semana en la que más bajas ha acumulado. Si lo analizamos como una simple coincidencia, quizá estemos pasando por alto algo que ocurre en casi todos los vestuarios del mundo: a veces la abundancia complica más que ayuda.

Con una plantilla larga, el entrenador vive rodeado de dilemas. Cada alineación deja tres o cuatro jugadores descontentos. Cada cambio genera una mirada torcida. Cada suplencia alimenta una crisis diplomática.

Gestionar el talento es una bendición, pero también un pequeño campo de minas emocional. En el fútbol moderno el entrenador no solo hace alineaciones. También lidia con egos, expectativas mundialistas y conversaciones incómodas en sofás grises.

Cuando la plantilla se reduce, en cambio, el paisaje se simplifica.

Menos estrellas descontentas por no tener protagonismo. Menos caras largas al repartir los petos en el entrenamiento. Menos protestas cuando aparece el cartel luminoso en el minuto 70.

De repente todo es más claro. Los once casi se escriben solos. Los que juegan saben que juegan. Los que están en el banquillo entienden que el margen es el que es. Y los que saltan al campo, canteranos en su mayoría, lo hacen con una sensación extraña: hoy toca responder.

Por eso, cuando el Madrid ha jugado estos días, ha transmitido una sensación que llevaba tiempo sin verse. Un equipo que sabe quién es. Un equipo que no parece estar resolviendo un rompecabezas con piezas repetidas cada fin de semana.

La paradoja es deliciosa: el Madrid ha parecido más equipo cuando tenía menos equipo.

No significa que las lesiones sean una buena noticia, ni que los grandes clubes deban aspirar a plantillas cortas. Significa algo más extraño y misterioso: a veces el fútbol solo necesita menos para ser más. Un equipo, como un buen equipaje de viaje, necesita lo justo y necesario. No seis esmóquines en la maleta, ni solo ropa deportiva, ni siete pijamas por muy de seda que sean. Agradece piezas versátiles, que puedan combinar bien entre ellas, fácilmente adaptables. Nada superfluo, sin tener que cargar con peso muerto. Cada prenda ocupa su lugar, preparada para cada situación, cada compromiso, cada imprevisto.

Cuando la maleta está bien pensada, viajar es más fácil. Cuando el equipo está bien hecho, jugar también lo es.

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