Opinión

Fue una pena, pero es posible

El Atleti debe lamentar un empate que no le hizo justicia, pero salió convencido de que puede pasar.

Ocasión de Antoine Griezmann. El francés cayéndose al suelo, dispara con la izquierda y manda el balón a la cruceta de la portería de David Raya.
JAVIER GANDUL
Luis Nieto
Director adjunto de As
Director adjunto. Licenciado en CC de la Información por la U. Complutense y máster en Transformación Digital y Estratégica (EOI), inició su carrera en el Diario Ya. Trabajó El Independiente y Diario 16. Llegó a AS en 1996. Ha ejercido las funciones de jefe de fútbol, redactor jefe, subdirector, director de la página web y director de Información.
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Fútbol es todo, también lo que vimos en el Metropolitano, por más que el mundo aún permaneciera levitando tras el festival de París. Fútbol también es defender bien, lo que hicieron Atlético y Arsenal, verdugo del Barça uno, mejor equipo de la liguilla previa y único invicto de la competición el otro. Fútbol es protegerse del campo abierto, seleccionar si conviene presionar arriba o esperar para penalizar. El partido fue un gran resumen de este juego: hermético, casi sellado al vacío, muy del estilo de los dos entrenadores, Simeone y Arteta, en la primera mitad; descamisado, a la tremenda, en la segunda, en la que el Atlético mereció una victoria holgada.

Un partido estupendo, en definitiva, en el que se entrometió el holandés Makkelie con un arbitraje desastroso. Entendió como penalti un levísimo agarrón/empujón de Hancko sobre Gyokeres. Pareció muy poca cosa, menos aún en una semifinal de Champions. Teatralizó el sueco, que ayudó a confundir al árbitro. La acción quedó en manos de ese VAR que un día es halcón y otro paloma. Se abstuvo. Eso sí, luego intervino para salvar al Atlético del atropello dos veces: desde la cabina vieron el penalti claro que acabó en el 1-1 por mano de White y el piscinazo de Eze en una disputa con Hancko. Makkelie había errado en ambos lances.

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Colegiado al margen, el Atlético dejó una estupenda impresión en la segunda mitad. Griezmann dejará un vacío enorme en el alma rojiblanca. Ha sido magnífico su tránsito de extremo y delantero explosivo a armador inteligente. Conforme perdía piernas ganó cabeza. Fue el jefe y el MVP del partido y mereció el gol que le negaron el larguero y Gabriel. También Julián Alvarez (preocupante su lesión) y Lookman estuvieron al borde de hacerlo. Les faltó puntería, pero crearon muchas oportunidades ante un rival que concede pocas. Y la presión para recuperar pronto fue ejemplar. Esa suma de virtudes hace pensar que la final sigue estando muy a tiro.

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