De Arconada a Marrero, de aitás a hijos
A todos los que transmitieron este sentimiento generación tras generación...
A todos los que transmitieron este sentimiento generación tras generación, a aquellos aitás que compraron su primera camiseta de la Real a sus hijos, a los que les decían que había que ir a Atocha lloviendo a cántaros, a Anoeta a gritar más allá de las dichosas pistas de atletismo, a esos aitonas que ya no están y nos contaban lo de aquellas Ligas, las de los 80.
A quienes sufrieron en Segunda, con derrotas indignas y desplazamientos tercermundistas, a los que tuvieron que sufrir mofas de los vecinos bilbaínos, que siempre se sintieron más grandes y mejores, a los que pensaron que había que ser de Madrid o Barça en vez del equipo de la tierra, a esos que empezaron en el fútbol playero en La Concha, en los pueblos de Guipúzcoa donde hacerse futbolista era un desafío, un lujo entre currantes.
A los que vieron la final invisible de 2021 desde la tele por culpa de la pandemia, a esos que se desplazaron en masa a Sevilla e inundaron Mérida y Córdoba en sus viajes, a los que se comportaron como pocas aficiones en La Cartuja, a la gente que confió en Matarazzo, ese extraño que entendió la Real desde el primer día, a quienes entregaron su vida por este club, como Aitor Zabaleta, a los que formaron a estos chicos como siempre se hizo en Zubieta, primero personas y después futbolistas, como Arconada, como su heredero para siempre, Marrero, a Sergio Francisco, a Imanol Alguacil, a Jokin Aperribay, a Zubimendi, a Merino, a Le Normand, a Griezmann, a todos esos que un día entendieron que este sentimiento, esta camiseta azul y blanca, este escudo histórico es único, a todos ellos, mil gracias. Sois campeones. Somos campeones.
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