El ser humano no tiene límites
El deporte, o incluso habría que decir la humanidad, rompió este domingo en Londres otra barrera icónica: bajar de dos horas en la maratón. ¡Y de qué manera!
La noticia me sorprendió en el área de meta de la Maratón de Madrid, en pleno ambiente festivo del ahora llamado running, la exaltación del atletismo popular mezclado con el profesional. Era el mejor escenario para vivir la trascendencia de lo que había ocurrido paralelamente en otra maratón dominical, la de Londres, donde el deporte, o incluso habría que decir la humanidad, rompió otra barrera icónica: bajar de dos horas en los 42,195 kilómetros. ¡Y de qué manera!
No solo fue un atleta, sino dos, quienes cruzaron esta nueva frontera: el keniano Sabastian Sawe, con 1h59:30, estableció un récord estratosférico, en vibrante lucha con el etíope Yomif Kejelcha, que paró el crono en 1h59:41. Por si esto fuera poco, el tercer clasificado también batió la plusmarca mundial: el ugandés Jakob Kiplimo, con 2h00.28. El tope anterior, 2h00:35, pertenecía al malogrado Kelvin Kiptum, el hombre que parecía destinado a lograr la hazaña que ahora encarna Sawe. Unos minutos antes de que conociéramos la gesta, me crucé con una atleta popular que llevaba una premonitoria cinta en el pelo con el nombre de Kiptum. Me pareció un homenaje al estilo de aquellas añejas camisetas de James Dean, un tributo al fenómeno que se marchó antes de tiempo y, sobre todo, una conmovedora señal de respeto.
Otro nombre que circuló de boca en boca fue el de Eliud Kipchoge, que en 2019 se convirtió en la primera persona en bajar de dos horas en la distancia, pero con una prueba montada en Viena fuera de los reglamentos oficiales, sin carrera competitiva, sin controles antidopaje, con liebres relevándose y cortando el viento, y dando vueltas a un parque. Si aquello fue meritorio, imaginen la dimensión de Sawe, también conectada a la nueva tecnología por esas zapatillas mágicas de Adidas que impulsan al corredor, aunque, como bien nos recordaban otros atletas, no corren solas. Kipchoge siempre nos lanzó el mensaje de que el ser humano no tiene límites. Él ya cumplió su palabra. Y sus sucesores en la maratón lo han vuelto a demostrar.
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