Opinión

¿Y tú qué opinas?

Devolverle al periodista preguntas sobre una polémica es la vía más fácil para sortearla...

GORKA LEIZA
Colaboradora Diario As
Actualizado a

Imagina ir al médico con un intenso dolor en el pecho. El doctor, sentado, te observa con escrutinio. Para romper el hielo le preguntas: “Entonces, ¿cuál es su diagnóstico? ¿Qué tengo?”. A lo que te responde: “¿Y tú qué opinas?“.

La comparación es intencionadamente capciosa, pero ilustra una tendencia frecuente: la de entrenadores que repreguntan a periodistas por jugadas polémicas. Estandarte de la corriente mourinhista, la han practicado muchos como Simeone, Setién o Xavi. El último, Hansi Flick. “Te hemos visto pedir explicaciones al árbitro después del partido, quizá por esa falta sobre Koundé en el segundo gol...”, le preguntó el periodista de DAZN. Flick le detuvo: “¿Qué piensas tú? ¿Fue falta o no?”. El periodista respondió: “Yo estoy aquí solo para preguntar”. Con lo que el técnico sentenció: “¿No tienes opinión? ¿No? Entonces yo tampoco. No tengo nada que decir”.

No es justo pagar las frustraciones con el mensajero, especialmente no con las formas que exhibió Flick. Sin embargo, se puede llegar a entender el fondo del asunto: devolverle al periodista la pregunta sobre una polémica arbitral es la vía más fácil —y poco elegante— para sortearla. Porque el problema es que si los técnicos dijesen lo que realmente opinan de las decisiones arbitrales ni la saga de los Bridgerton tendría una trama semejante.

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El arbitraje español no sufre por el fallo humano; de hecho, los propios entrenadores y jugadores cometen más errores por partido que cualquier colegiado. El drama es la inconsistencia. Las reglas sobre las manos en el área o los fueras de juego se han vuelto tan contradictorias como laberínticas, y ya no hay quien entienda cuando se aplican conceptos como “intencionalidad” o “accidentalidad”. Si un entrenador no puede señalar (con respeto) esta falta de uniformidad sin exponerse a un castigo tenemos un problema de déficit de transparencia. Esta es mi humilde opinión como periodista, claro, aprovechando que a nosotros todavía no nos pueden sancionar (tampoco pretendo dar con esto ninguna idea).

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