Y eso que no me gustaba Mbappé
Soy un convertido al mbappismo. Y como cualquier convertido soy ahora más radical que los nativos.
Soy un convertido al mbappismo. Y como cualquier convertido soy ahora más radical que los nativos. Digo convertido porque hasta hace unos meses no era para nada un devoto, ni siquiera un aficionado de mi compatriota. Seguramente porque vestía la camiseta del PSG, un club que, como seguidor del RC Lens, me provocaba cierto repelús. Reconocía su talento y vibré por sus goles en la final del Mundial contra Argentina. Sin embargo, no sentía ninguna química con la persona. Así que mis halagos de ahora tienen, creo yo, todavía más fuerza y más credibilidad. Las cosas como son: Mbappé se ha convertido en el jugador más importante del Madrid. Diría más: en el jugador más laudable. En todos los aspectos.
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El episodio del martes por la noche de Lisboa me parece la prueba definitiva de que el club blanco tiene en sus filas a un hombre que marcará una época. Su forma de defender a Vinicius, sobre el césped y después del partido, lo dice todo de su persona. De su compañerismo, de su carisma, de su inteligencia, de su sentimiento de justicia, de su implicación en el proyecto madridista. Es más que un líder, es ahora el ejemplo a seguir. Me sorprendo a mí mismo al escribir estas líneas llenas de admiración y de reconocimiento pero la honestidad me obliga a hacerlo. Me he puesto la camiseta de Mbappé y me da que no me la voy a quitar en mucho tiempo.
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