Remontada épica en Ipurúa
En una noche heroica, el equipo aragonés se sobrepuso a todo con un Andrada colosal.
El Real Zaragoza de Sellés sigue agarrándose a la vida con uñas y dientes, pero también con orden y concierto, con fe y un enorme espíritu de resistencia para sacar adelante en Ipurúa un partido que se le había puesto imposible. El equipo aragonés se sobrepuso a todo, también a un arbitraje parcial, y jugó más de ochenta minutos con uno menos por expulsión de Saidu y cuando tenía un gol en contra. Soberón, de penalti, y Toni Moya-Bakis le pusieron firma a una gran remontada, a una remontada épica, pero el coloso de la noche fue Andrada, con media docena de paradas espléndidas.
En la primera mitad no pudieron pasar más cosas. El Zaragoza tuvo un inicio prometedor, exhibiendo un fútbol de combinación desconocido hasta ahora con Rubén Sellés, pero todo se vino abajo momentáneamente para el equipo aragonés en cinco minutos fatídicos. A saber: en el 19’ Insua, uno de los centrales de cartón piedra que ha firmado Indias, que continúa al frente de la dirección deportiva de forma inexplicable, se retiró con una lesión muscular y Sellés, sin el sancionado Radovanovic ni el también lesionado Tachi, echó mano del juvenil Gomes para recomponer el eje de su defensa, cuando Saidu, un marcador de emergencia, ya tenía una tarjeta amarilla. Cuatro minutos después, en el 23’, Valery cometió un penalti absurdo al protegerse la cara de la pelota de forma antinatural y, pese a que Andrada, un coloso bajo palos, mandó a córner el lanzamiento de Bautista, una intolerable desatención permitió a Nolaskoain adelantar al Éibar al cabecear a la red ese mismo saque de esquina. Y un minuto después, en el 24’, Saidu se fue a la calle por una segunda tarjeta amarilla en una acción sobre Martón en la frontal del área que fue arriesgada, un pecadillo de juventud, pero tocó primero el balón y no pareció falta. Así que peor no se podían poner las cosas para el Zaragoza…
Pero en el fútbol todo puede dar vuelta en un instante y una mano disparatada de Cubero dentro del área permitió a Soberón igualar el marcador desde los once metros. Sospechosamente, el lateral armero no vio por ese penalti de libro su segunda tarjeta, en una decisión escandalosa del colegiado valenciano Fuentes Molina, que molestó más que arbitró y que condicionó por completo el resto del partido.
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La segunda parte fue un ejercicio heroico de resistencia del Zaragoza, con momentos de verdadero agobio del Éibar y nuevas intervenciones providenciales de Andrada, que sostuvo al equipo aragonés conjuntamente con un Ale Gomes, que a sus 17 años pareció un veterano en mil batallas. Un asedio continuado hasta que a ocho minutos del tiempo reglamentario un contragolpe de Francho en el que se enredó el Éibar acabó en un remate certero de Toni Moya, recién salido al campo por Keidi Bare, que rozó en la cadera de Bakis. Un gol que vale más que tres puntos, porque supone un empujón anímico superlativo y un refuerzo para Rubén Sellés, cuyo ideario empieza a calar en un grupo que parecía sentenciado. Queda mucho por remontar, pero el Zaragoza está muy vivo.
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