Opinión

Prestianni y Vinicius

Hay que mantener la presunción de inocencia hasta que haya un proceso judicial justo.

JESUS ALVAREZ ORIHUELA
Colaborador Diario As
Actualizado a

Tengo cierta obsesión con el garantismo. Creo que, en la sociedad en la que vivimos, se castiga con demasiada frecuencia a los sospechosos, especialmente si son pobres y/o inmigrantes, sin que puedan defenderse con todos sus derechos de los delitos de los que se les acusa. Es por ello que he desarrollado la idea de que, por muy grave que sea el acto presuntamente cometido, y por mucho que pensemos de antemano que una persona es culpable, siempre hay que mantener la presunción de inocencia hasta que se haya completado un proceso judicial justo y con todas las garantías para todas las partes. Quizá por ello, en El Larguero del martes, y aún creyendo que los indicios llevaban a pensar que Prestianni profirió insultos racistas a Vinicius, defendí, también para él (y pareciéndome extremadamente reprobable y asqueroso lo que se dice que dijo), que no le condenáramos de antemano sin someterle a una investigación pormenorizada.

Esto no significa que desee que el jugador argentino salga indemne de este asunto. El testimonio de Vinicius tiene un valor jurídico potente, reforzado por la confirmación de Mbappé, que es generosa en detalles y que convierte en poco verosímil la versión que sostiene que el brasileño no entendió lo que le dijo el argentino. El garantismo tiene que aplicar a ambos lados y debe asegurar que no revictimicemos a la persona agredida dudando de su palabra. Que se haya mezclado el presunto insulto racista con la celebración, como si el festejo justificara lo que ocurrió después, ha sido absolutamente bochornoso.

También dije en El Larguero que de quién más esperaba era del Benfica. Es importantísimo que en estos casos se dejen de lado los intereses de club. Fue lamentable ver cómo el estadio Da Luz apoyaba a su jugador de forma inequívoca simplemente porque era “uno de los suyos”. En los asuntos éticos, es fundamental que nos quitemos la camiseta. Y el Benfica, con su defensa de Prestianni, la lleva pegada a la piel de manera muy decepcionante. Debemos dejar de lado los objetivos deportivos si queremos, como creo que deberíamos desear todos, que ni Vinicius ni ningún otro futbolista tengan que volver a pasar por un episodio similar.

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