Opinión

Los goles de la ira

Remontar no es imposible. Mejor salir sin complejos, con una de esas alegres delanteras que cantaba Serrat.

MAITE VIROS | DIARIO AS
Redactor Diario AS
Actualizado a

En las remontadas no suena de fondo música de violines sino tambores percutiendo desde los cuatro puntos cardinales del estadio. Del Madrid se decía que ya en el vestuario, tras la derrota imposible de remontar, Juanito y Camacho comenzaban a preparar la carga de caballería para la vuelta en el Bernabéu. Del Barça se dijo que nunca tuvo esa épica, que su ADN es más fenicio que mesetario, más elaborado que arrebatado. No es cierto. En su primer título europeo, la Recopa del 79, remontó un 3-0 fuera de casa ante el Anderlecht a las primeras de cambio, y para la final de la Copa de Europa de Sevilla en el 86 lo mismo contra el Göteborg. Fue la gran noche de Pichi Alonso. Todavía imperaba el valor doble de los goles fuera de casa en caso de empate, igual que cuando eliminó al PSG tras perder 4-0 en la ida. Es la mayor remontada de la historia, la única en la que los sismógrafos registraron un temblor de tierra con epicentro en el Camp Nou tras el sexto gol de Sergi Roberto. Ya nadie podrá repetir semejante gesta. La norma de los goles fuera ha sido anulada, por fortuna.

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Por ello, remontar hoy el 4-0 ante el Atlético no es algo imposible de soñar. Dando por descontado que al menos un par de goles vamos a encajar, mejor salir sin complejos, con una de esas alegres delanteras que cantaba Serrat, y que percutan los tambores desde las gradas en busca de los goles de la ira.

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