Lo mejor, los chavales
Demostraron su compromiso con lo mínimo que se espera de alguien recién llegado: correr sin parar e intentarlo una y otra vez...
La agónica victoria en Vigo no despejó las dudas respecto al juego o la capacidad competitiva de este Madrid, pero al menos la aportación de los canteranos dejó una buena impresión. Frente al deambular anodino y espeso de muchos habituales, llamó la atención la frescura y el arrojo de los chavales, que demostraron su compromiso con lo mínimo que se espera de alguien recién llegado: correr sin parar e intentarlo una y otra vez.
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Thiago Pitarch ya había insinuado ante el Benfica que no le asusta pedir la pelota y ante el Celta volvió a mostrarse atrevido saliendo desde atrás, a veces incluso demasiado. El chico está acostumbrado a ser protagonista y no le afecta verse al lado de ganadores de Champions, más si cabe cuando estos no lo parecen. En la aburrida partitura que interpreta desde hace tiempo el medio campo blanco, Pitarch se muestra como una nota de ilusión discordante, intentando enhebrar jugadas aquí y allá. César Palacios demostró que sabe moverse arriba para conectar con los centrocampistas. Se ofrece, toca y se desmarca otra vez en la misma acción para facilitar el pase, lo que deberían copiar algunos veteranos. Ya veremos si estos y los otros que ha reclutado Arbeloa llegan a algún sitio, pero por ahora aportan descaro y espontaneidad, algo que se echa mucho de menos en el insípido juego del Madrid.
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