#EstaCopaTambiénMola
Granada acogerá del 19 al 22 de marzo la magia de la Copa de España de fútbol sala, un torneo donde las jerarquías pueden discutirse.
Déjenme que les cuente por qué la Copa de España de fútbol sala también mola. No solo por su nivel o por ser un torneo corto, intenso y a vida o muerte. Mola porque a veces cambia historias. Porque en cuatro días puede alterar la dimensión de un club, despertar una ciudad y dar origen a algo mucho más grande que un título.
Del 19 al 22 de marzo, Granada acoge una nueva edición de la Copa de España. Ocho equipos, eliminatorias directas y sin margen para corregir errores. Ese formato explica buena parte de su valor. La Copa concentra en muy poco tiempo todo lo que hace atractivo al deporte: pasión, sorpresas, viajes, aficiones, épica y una atmósfera que pocas competiciones generan. En un calendario largo y previsible, estos torneos siguen teniendo algo especial porque condensan emoción, crean relato y obligan a competir de verdad.
Pero en Jaén esta historia se entiende mejor que en ningún otro sitio. Porque fue este torneo el que ayudó a cambiar la dimensión del club y de su proyecto. En 2015, Jaén Paraíso Interior llegó a la Copa por primera vez como recién ascendido. Lo lógico era pensar que bastante premio era estar allí. Lo que ocurrió después pertenece a la memoria del fútbol sala. Jaén acabó campeón en su primera participación y firmó una de las historias más bonitas que ha dado este deporte. Aquella victoria no fue solo un título, fue el inicio de un relato colectivo.
La “Marea Amarilla”, capaz hoy de movilizar a miles de personas y de teñir de amarillo cualquier pabellón, también tiene mucho que ver con aquella Copa de Ciudad Real. Con aquel primer impacto y con aquella sensación de que el pequeño podía mirar a los grandes a los ojos y ganarles.
Y esa es la magia de este torneo. La Copa sigue siendo un espacio donde las jerarquías pueden discutirse. Lo demostró Jaén entonces y lo recordó Peñíscola el año pasado, cuando conquistó su primera Copa y recordó que estos torneos siguen siendo el mejor escenario para las historias que hacen crecer a un deporte.
Por eso conviene cuidar la Copa. No basta con que funcione en términos organizativos. Hay que impulsarla como uno de los productos más valiosos del fútbol sala, como un torneo capaz de generar pertenencia, atraer nuevos públicos y reforzar el valor y el crecimiento del deporte durante años..
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No cabe duda de que estas líneas las escribo teniendo “amarillo el corazón” y deseando que Jaén vuelva a firmar otra página grande. Pero, más allá de cualquier pertenencia, lo importante es que gane la Copa y que el fútbol sala siga cuidando estos escenarios para que nazcan muchas mareas y muchos proyectos capaces de agrandar este deporte. Porque cuando un torneo permite que el pequeño también pueda sentirse grande, no solo emociona, también hace crecer al fútbol sala. Y eso mola.
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