Opinión

El triángulo de la vergüenza

Suele decirse que unos pocos distorsionan la realidad, pero no es menos real que España se empeña en trasladar al mundo una imagen lastimosa...

Albert Gea
Colaborador de Diario AS
Actualizado a

El fútbol español añadió en Cornellá un nuevo vértice de la vergüenza que traslada al exterior. Un vector significativo de aficionados pitó el himno de Egipto y otro, radicalmente imbécil, utilizó el partido para descargar su metralla ultraderechista con eslóganes y cánticos islamofóbicos, en un acto de estupidez y pésimas consecuencias. En estos casos suele decirse que unos pocos distorsionan la realidad, pero no es menos real que España se empeña en trasladar al mundo una imagen lastimosa de su relación con el fútbol.

Fuera de los análisis sociopolíticos que merecen una representación tan gráfica de la intolerancia, hay algo cierto: el fútbol español, que en muchos aspectos es envidiable, se ha empeñado en exportar los peores síntomas de la misoginia, el racismo y la islamofobia.

Los sucesos de Cornellá forman parte de un reciente triángulo de la vergüenza. En el Mundial femenino de 2023, Luis Rubiales, presidente de la Federación Española, convirtió uno de los momentos más felices y, sin duda, de los más significativos en la historia del deporte español, en un delirio de sexismo y obscenidad.

Aquel cojones y españolía de Rubiales, celebrado en primera instancia por un considerable sector del periodismo y la opinión pública, derivó en un escándalo internacional pocas visto en el fútbol, donde parece que se ha visto todo, pero siempre se encuentran nuevos espacios para la decepción.

En su papel de caudillo macho, Rubiales no entendió el daño que, más allá del fútbol, provocó en la reputación de España, ni la instantánea necesidad de despacharlo de su momio, agravada por su desquiciado discurso final ante los asamblearios de la federación.

De aquel lodazal se salió con una horrenda imagen del liderazgo en el fútbol español, contrapuesta a la vitalidad y agallas de las futbolistas que habían batallado por sus derechos mientras se consagraban campeonas del mundo.

Tres meses antes de estallar el caso Rubiales, Vinicius fue víctima de los habituales insultos racistas que se escuchan en el fútbol, esta vez en un estadio español, Mestalla. Sin embargo, la reacción del jugador del Real Madrid fue inhabitual. Se dirigió a sus ofensores con una vehemencia lógica. El partido se detuvo varios minutos, hasta derivar en una bochornosa representación de la Liga y los estadios españoles. Fue uno de esos momentos que definen el antes y el después de un acontecimiento, en este caso lamentable.

Al caudal de misoginia y racismo se añade ahora el de islamofobia, el vértice de un triángulo infame que puede derivar en cuadrilátero o pentágono, a la vista de la extraordinaria capacidad que nuestro fútbol tiene para autoinfligirse las peores heridas.

En Cornellá se perdió una gran ocasión para demostrar que se habían aprendido las lecciones anteriores. Desde luego que se escenificó una indigna y continuidad ofensa a la religión musulmana y sus practicantes, a la selección de Egipto y sus jugadores, a Lamine Yamal, estrella española y también musulmán. Todo eso quedó tan claro como la oportunidad que ofreció de rechazar el violento mensaje que se propagaba desde las gradas y, en concreto, desde los sectores neonazis y demás patriotas de pacotilla.

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Era el momento para que la selección (jugadores, seleccionador, presidente de la Federación Española) interviniera de alguna manera. Entre otras cosas de mayor calado -el derecho a profesar la religión, o a no creer en ninguna, que cada cual determine-, también se estaba socavando la respetadísima imagen de la selección española en el mundo. Por fortuna, Luis de la Fuente se expresó después del encuentro con una amargura sincera y cargó a pecho descubierto contra los idiotas y sus corifeos en Cornellá. Atrás había quedado la ocasión de reventar a los reventadores, una especie que desgraciadamente tiene la costumbre de añadir nuevos y desagradables vértices a la imagen de España y su fútbol.

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