El skimo tapa el bosque
España saca pecho por sus mejores Juegos, pero con un deporte invitado y sin diplomas en nieve y hielo. La esperanza de mejora estaba en Barcelona-Pirineos 2030... y se perdió.
España recoge los bártulos de Milán-Cortina sacando pecho por la mejor participación de su historia: tres medallas. Pero quizá el árbol del esquí de montaña, su éxito, no permita ver el bosque y tape una realidad que llama a la reflexión. Esta especialidad se ha introducido como invitada en Italia y, aunque la perspectiva es favorable para que continúe en Alpes 2030 e incluso el COI acabe haciéndole un hueco definitivo, en los deportes de hielo (en España englobados dentro de la RFDH) y nieve (RFEDI) no se ha alcanzado ni un diploma.
En patinaje, de los cuatro participantes, tres eran nacionalizados. En esquí alpino, el deporte rey, sólo se clasificaron Quim Salarich y Arrietta Rodríguez. En halfpipe no se atisba relevo para Queralt Castellet. El fondo trabaja contra viento y marea con quijotes como Jaume Pueyo. La alta competición lucha contra la ocupación recreativa de las pistas de nieve y hielo (que se lo digan a Sara Hurtado, la entrenadora de Val y Kazimov, y sus horarios intempestivos). La realidad es la que es. Los Juegos de 2030, planteados como Barcelona-Pirineos, estaban destinados a España, pero el choque Aragón-Cataluña dio al traste con todo. “O dejamos la política y nos centramos en el proyecto, o no sacaremos la candidatura”, profetizó Alejandro Blanco. Así fue. Y ahí estaba la esperanza de mejora e inversión en hielo y nieve. Se esfumó. Con lo que hay, no da.
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