La Pizarra Táctica

El Madrid llega tarde de nuevo

No puede conformarse con haber tuteado al Bayern. A un club que ha construido su leyenda en la victoria le conviene hacerse mirar el porqué ahora la gloria le da la espalda.

Soccer Football - UEFA Champions League - Quarter Final - Second Leg - Bayern Munich v Real Madrid - Allianz Arena, Munich, Germany - April 15, 2026 Real Madrid's Eduardo Camavinga reacts after being shown a red card as Vinicius Junior and Arda Guler react REUTERS/Kai Pfaffenbach
Kai Pfaffenbach
Javier Sillés
Director adjunto de AS
Director adjunto de AS. Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense, empezó en 2011 en la sección del Real Madrid como becario. Después pasó a AStv, donde fue editor jefe hasta 2021. También lo fue de lnfografía. En 2021 fue nombrado de redactor jefe de fútbol, en 2022 ascendió a subdirector de AS y desde 2026 es director adjunto.
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El todo o nada al que se había abocado el Madrid le salió cruz cuando menos lo mereció. Tampoco debe rasgarse las vestiduras por ello. El equipo blanco sabe mejor que nadie que el fútbol no entiende de justicia. El adiós oficioso a la temporada no se produjo ante el Bayern, sino mucho antes. En la visita al ogro alemán jugó uno de sus mejores partidos del curso, pero quizá ya era tarde. Perdonó y pagó facturas anteriores.

En Múnich compareció un Madrid con un plan claro. El once pudo parecer contradictorio con la idea, pero había razones de fondo para una alineación así con Brahim entre los elegidos. Ni Camavinga ni Thiago Pitarch, cada uno en su dimensión, habían dado la talla últimamente —el francés se empeñó en confirmarlo después— y era mejor apostar por todo el talento que tenía a mano Arbeloa incluso sabiendo que habría fases de sometimiento del Bayern con Kimmich a los mandos.

De todos modos, el equipo bávaro no tuvo nada bajo control a diferencia de la ida. Se conocía que el Bayern iba a dejar siempre una puerta abierta al Madrid, no iba a mover ni un milímetro su forma de jugar. Pero se manejó con demasiada distensión en la creencia de sentirse superior. Una irresponsabilidad que le pudo costar muy cara. No se cuidó de la pérdida, falló en las vigilancias y quedó vendido en la última línea ante Mbappé y Vinicius. Además de goleador, Güler fue el intermediario perfecto. Piensa más rápido que los demás y entiende que en la profundidad está la gloria. Su actuación acredita que, al menos él, sí ha dado un paso adelante en esta campaña de zozobra.

La amenaza creciente del Madrid contrastó también con sus equívocos defensivos pese a Mendy. El regreso del lateral francés no solo rebajó el impacto de Olise, al alza con el paso de los minutos, sino que desde su poca ortodoxia logró que pasaran pocas cosas por su lado. El vacío estuvo en el otro perfil. Trent se dejó notar para mal en distintos momentos por su indolencia en los duelos y falta de reacción en las coberturas tácticas. Y eso que Militao es el factor corrector por antonomasia.

Ese carrusel de intercambio de golpes beneficiaba sin duda al Madrid. La eliminatoria estuvo de verdad a su disposición. Ponerse tres veces por delante lo dice todo. A través de su calidad individual, se desplegó sin tregua y sacó los colores a la zaga del Bayern. Cada transición fue un sofoco para el rival, con lanzadores y ejecutores. Mbappé lució, pero no tuvo la compañía de Vinicius. En un pulso tan igualado, con una versión a medias del brasileño quizá hubiera sido un resultado bien diferente. No estuvo nada brillante en las definiciones.

Desde esa realidad, el Bayern sorteó las curvas y logró con Musiala ganar en juego interior entre líneas. Cuando Camavinga salió, ni pudo ni supo cómo compactar a su equipo por dentro. Expulsión al margen, la temporada del futbolista francés demanda una revisión de su estatus. Quizá Múnich sea el final de todo.

En cualquier caso, ni sería comprensible personalizar ni el Madrid puede conformarse con haber tuteado al Bayern. A un club que ha construido su leyenda en la victoria le conviene hacerse mirar el porqué ahora la gloria le da la espalda. Las individualidades llegan hasta donde llegan, la pereza táctica escenifica su debilidad y el sacrificio no puede quedar a libre elección. Lo verdaderamente trascendental ahora es la autocrítica en un club que convive muy mal con la derrota. Dos años en blanco exigen respuestas futbolísticas distintas.

La desatención

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