El reto de cambiar el chip tras la gloria de la Copa
Pellegrino Matarazzo busca que la euforia del título no frene la ambición de la Real por alcanzar los puestos de Champions.
La resaca emocional tras la conquista de la Copa del Rey en Sevilla todavía inunda las calles de Donostia. Las celebraciones del lunes, con 100.000 personas arropando a la Real Sociedad en un éxtasis de sentimiento txuri-urdin, han fortalecido una identidad de familia que nunca se perdió, pero que ahora luce con más orgullo que nunca en las camisetas de los más jóvenes. Sin embargo, el fútbol no da tregua y este miércoles el estadio de Anoeta abre sus puertas para recibir al Getafe en una jornada de Liga donde los puntos cobran un valor vital para el futuro europeo del club.
El equipo de Pellegrino Matarazzo llega a esta cita con el billete para la Europa League en el bolsillo, pero con la mirada puesta en la quinta plaza que podría dar acceso a la Champions League. El técnico estadounidense, que ha cambiado la cara al grupo desde diciembre, sabe que la euforia festiva debe transformarse rápidamente en tensión competitiva para superar al conjunto de José Bordalás. El Getafe es un rival que exige un despliegue físico máximo y no pondrá facilidades a una Real Sociedad que llega físicamente al límite tras el esfuerzo realizado en el estadio de La Cartuja frente al Atlético de Madrid.
La gestión de la plantilla será el mayor rompecabezas para Rino, quien deberá hilar muy fino debido a las numerosas bajas y molestias. Jugadores como Mikel Oyarzabal, Ander Barrenetxea, Duje Caleta-Car o Jon Aramburu terminaron tocados la final, mientras que Igor Zubeldia, Álvaro Odriozola y Marcos Rupérez siguen fuera por lesión. A pesar de que el domingo se suprimió el entrenamiento previsto para favorecer el descanso, el entrenador exigirá a sus futbolistas la máxima intensidad, consciente de que un tropiezo ante los madrileños sería entendible por el contexto, pero frenaría la posibilidad de avanzar más rápido hacia el objetivo de alcanzar la máxima competición continental.
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Aprovechar la ola de optimismo que recorre Gipuzkoa es el gran reto para este miércoles de fútbol en Donostia. Aunque el cansancio sea evidente, el ‘subidón’ anímico de haber levantado un trofeo debe servir de motor para surfear el tramo final del campeonato. La ciudad y el equipo están más unidos que nunca, y renunciar a cotas mayores teniendo la máxima plaza europea a tiro no entra en los planes de un vestuario que quiere seguir soñando. Como bien dejó caer el técnico tras ganar la Copa, “esto es solo el comienzo”, y la mejor forma de demostrarlo es pelear por cada balón ante el Getafe mientras la alegría del título sigue todavía muy presente en la memoria de todos.
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