Opinión

El plan de la Liga no vale para Champions

El Barça encajó en todos los partidos de la competición europea y ha caído en muchos ante los grandes. Eso no es casual.

Albert Gea
Director adjunto de As
Director adjunto. Licenciado en CC de la Información por la U. Complutense y máster en Transformación Digital y Estratégica (EOI), inició su carrera en el Diario Ya. Trabajó El Independiente y Diario 16. Llegó a AS en 1996. Ha ejercido las funciones de jefe de fútbol, redactor jefe, subdirector, director de la página web y director de Información.
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Vaya por delante mi admiración por Hansi Flick, al menos en su faceta de entrenador. En la otra queda la impresión de haber entrado en un preocupante proceso de ‘laportización’. Empiezan a aparecérsele fantasmas en el arbitraje y últimamente anda metido a jardinero. Está a un paso de añadir el clima y la contaminación como otros factores que conspiran contra el Barça. En eso ha ido claramente a peor, todo lo contrario que su equipo, que juega estupendamente desde la valentía. Sin embargo, merecen una revisión las razones de que habiendo sido superior a Inter y Atlético se ha ido a casa en dos Champions consecutivas sin pisar la final.

Y es que su mejor virtud es, a la vez, parte del problema. El Barça lo fía todo a una primera presión brutal que le permite vivir en campo contrario y dominar los partidos con autoridad. Sin embargo, no existe plan B. Juega igual en la Liga que en la Champions, trata igual a presas que a depredadores. La fórmula exige concentración, precisión, sincronía y sacrificio extraordinarios, porque cualquier fuga supone un mano a mano contra su meta o una roja. No es casual que en la competición de los mejores el Barça haya encajado goles en todos los choques y que en el curso le haya ido mal en muchos partidos grandes (Madrid, PSG, Chelsea, Atlético).

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Al otro lado, el equipo de Simeone manejó estupendamente su inferioridad. Tiene radiografiado a este Barça (y a los otros dos que ya eliminó en el pasado), lo que no le evita momentos de verdadero asedio. Los sufrió en la ida y en la vuelta, pero le negó a Flick dos partidos abiertos, de poder a poder. Le esperó, incluso sin sus centrales titulares, y le cazó. Provocó dos expulsiones y las pocas oportunidades atléticas fueron claras. Se puso en manos de Griezmann cuando el Barça estaba entero físicamente y le remató con la entrada de Sorloth y con Llorente, el hombre del partido. Esta medalla es suya. Y la Copa puede volverle a abrir la puerta grande.

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