Opinión

El 5-4 que legitima a Flick

Más allá de imperfecciones defensivas, PSG y Bayern confirman apuestas que priorizan la osadía y devuelven el fútbol al plano del espectáculo. La que tiene el alemán del Barça.

FRANCK FIFE
Redactor Jefe
Redactor jefe de AS. Fue colaborador en AS (2000-04) y, después de pasar por Málaga Hoy, regresó como jefe de Sección en Málaga. Delegado de Andalucía entre 2009 y 2012, colaboró en la integración digital-papel de AS en Madrid. Cubre la información del Barça y la Selección de baloncesto. Tres Juegos Olímpicos. Colaborador de SER, Canal Sur y Gol.
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Un título no se cambia por una idea, se escribió recientemente en estas líneas después de la eliminación del Barça en la Champions contra el Atlético del Madrid. El 5-4 del PSG-Bayern de este martes legitimó aún más ese planteamiento. Un partido imperfecto, sin duda, con un alto margen de concesiones a futbolistas de altísimo talento como Dembélé, Kane, Olise o Kvaratskhelia. Con pocas interrupciones y muchos jugadores capaces de desbordar líneas de presión cuando hay defensas sin querencia ni espíritu para hacer faltas (el Bayern hizo cuatro en todo el partido). Con un ritmo tan desenfrenado durante 80 minutos que obligó a Safonov y Neuer a terminar casi a pelotazo limpio. Una oda que confirmó que todo vuelve. Tal vez el fútbol que nunca vimos. Por ejemplo, aquel 3-6 de Hungría a Inglaterra ante más de 100.000 espectadores en Wembley en 1953, debió ser algo así. El Partido del Siglo, le llamaron.

Hansi Flick ha recibido críticas, externas e internas (algunas voces hablan de un debate encendido en el vestuario por cómo se gestionó el 0-2 de la vuelta de cuartos en el Metropolitano), por su manera de entender el Barça en la Champions estas dos temporadas. Es posible que sus opciones se fueran al infierno contra el Inter o el Atlético (también en Copa) por su radical postura de mantenerse firme en sus principios. Son los mismos que, en el fondo, le han devuelto la ilusión al barcelonismo en los dos últimos años, jornada tras jornada, en la Liga. Es posible que sea un postulado poco sostenible en grandes citas contra equipos que sepan especular algo más. Seguro que Luis Enrique y Kompany también lo pensaron cuando se metieron en la cama en la noche parisina. Seguro que también lo discutieron sus jugadores, en el vestuario, la cena o el correspondiente grupo de WhatsApp. El único mensaje posible en un vestuario, sin embargo, para maneras de vivir tan singulares, o radicales, es no dar un paso atrás. Es el camino difícil, pero visto lo del Parque de los Príncipes anoche, tal vez a Flick le merece la pena intentarlo un año más.

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