Opinion

Del ‘¡Hay Liga!’ a sacudir con la estera

El Madrid desperdició a un fenomenal Valderde ante el Betis. No fue, sin embargo, un partido característico de sus problemas más severos.

JESUS ALVAREZ ORIHUELA
Colaborador de Diario AS
Actualizado a

Precedido por la confusión y los rebotes, el gol de Bellerín en el último suspiro significó mucho más que el empate en el Betis-Real Madrid. Se desató una tormenta de críticas a Arbeloa y su equipo, tomando la parte por el todo: un partido difícil frente a un acreditado rival como referencia a la decepcionante temporada del Madrid, la segunda consecutiva sin trofeos que llevar a las vitrinas del Bernabéu.

No fue, sin embargo, un partido característico de sus problemas más severos. Se empleó con decisión y superó al Betis en el primer tiempo, donde disfrutó de un sensacional Fede Valverde en el eje del medio campo, y acabó enredado en un partido sin control y el resultado al aire hasta el minuto final.

Nada que ver con sus recientes y mediocres actuaciones en Pamplona y Mallorca, o contra el Getafe y el Girona en el Bernabéu, pero la Liga ya está sentenciada, el trastazo contra el Albacete en la Copa se añade al inventario y las derrotas frente al Bayern en la Champions pesan una tonelada en las opiniones. En realidad, solo se registró un segundo entre el famoso ¡Hay Liga! y la sacudida con estera al equipo.

En otros momentos de la temporada se habría catalogado de correcta, y hasta buena, la actuación del Madrid. Mereció el gol que anotó Vinicius en el rechace de Valles y gobernó el primer tiempo con autoridad. El contragolpeador Betis actual -desde la goleada que sufrió contra el Atlético de Madrid en la Copa, ha declinado la posesión en favor del contraataque- exigió un par de excelentes intervenciones a Lunin en la primera parte.

El Betis cuenta con suficientes jugadores ingeniosos para producirlas. En cualquier caso, sirvieron para acreditar a Lunin. No es Courtois, pero quién es comparable al gigante belga. Lunin tiene mercado a la vista. Es un buen portero sin ángel. Le falta mística. También se empleó en la segunda parte, excelentes intervenciones para un encuentro que en ese periodo sí reveló muchos de los problemas del Madrid. Uno de ellos, el descontrol.

Es un equipo de momentos, en el mejor de los casos. No agarra los partidos por el cuello. Los deja sueltos. Es muy difícil recordar una tarde, una noche, pletórica del Madrid, que desperdició la fenomenal actuación de Valverde, esta vez como medio centro a la antigua, sujeto a su posición como un guardia de tráfico.

Valverde es un extraordinario centrocampista, impaciente por naturaleza. El cuerpo le pide guerra, acción, desplazamiento, las condiciones apropiadas para jugar de ocho. En España, al medio centro se le exige lectura, contención y pases correctos. Quizá porque ya está en los 28 años y se ha empapado de fútbol, Valverde ofreció contra el Betis una lección de sus capacidades defensivas y de sus excelentes decisiones como pasador. No menos de cinco veces filtró pases rasos que rompieron una y hasta dos líneas defensivas del Betis. Alrededor de Valverde, el Madrid jugó sus mejores minutos. El ingreso de Camavinga modificó el dibujo: el jugador francés se instaló delante de la defensa y Valverde adelantó su posición.

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Lo acusó el Madrid. Si Valverde es impaciente, Camavinga es lo siguiente. Navega entre en la dispersión y el caos. Ahí comenzó lo que menos convenía al Madrid: descontrol, concesiones defensivas, línea defensiva bajísima y oportunidades para el Betis. Mbappé, que hizo cosas, pero no un buen partido, se retiró del partido. El cuadro de los últimos minutos remitió al Madrid seco de títulos: vulnerable, desorganizado, de vuelo rasante.

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