Pasaba por aquí | Carlos Marañón

Cruyff, la revolución eterna

Revolucionó el fútbol tantas veces que ya hemos perdido la cuenta. Siempre unos pasos por delante...

ALBERT GEA
Colaborador Diario As
Actualizado a

Revolucionó el fútbol tantas veces que ya hemos perdido la cuenta. Siempre unos pasos por delante, empezó con ese cambio de ritmo y la firma de aquel regate con salida al tercer amago, izquierda-derecha y otra vez izquierda, cadera rota. El Ajax y la Naranja Mecánica del 74 aceleraron el fútbol como la máquina de El tiempo en sus manos, hasta llevarlo a otra época. Lo padeció el imperial Real Madrid, que sufrió para eliminarlo de la Copa de Europa en 1967 y ya se encontró con un equipo tan moderno que le decretó el viejazo en 1973. ¿Su negativa a llevar las tres bandas de Adidas porque le pagaba Puma? Puro acelerón de modernidad. Fue revolucionario hasta para sacralizar el número 14, aunque aquí llevaba el 9 de ariete insondable, como Di Stéfano.

De niño apenas llegué a verle jugar, y bien que lo siento: aquellos derbis con el Espanyol eran eléctricos. Molinos le sacaba de quicio y el Marañón bueno les vacunaba. La primera vez que visitó Sarrià no pasó del 0-0, y la segunda le cayó una manita (5-2), pero tuvo cinco temporadas para recuperarse. Su ausencia del Mundial de Argentina, su marcha a EE UU y el regreso al Ajax llevaban sordina, como sus diez partidos con el Levante que merecerían novela de Rafa Lahuerta. El penalti indirecto, a tres toques incluso, lo vimos después. Oímos rumores de ese último baile por despecho en el eterno rival, el Feyenoord.

Mi revelación cruyffista fue cuando Butragueño, mi ídolo desde que se retiró mi padre, en sus primeras entrevistas, reconoció que, pese a su madridismo, su ídolo era Cruyff. Su impronta como futbolista fue social, y los que lo vivieron, deberían recordarlo más. De cómo el fútbol cambió un país. El cine sí se dio cuenta. Dos películas: Furia Española, con Cassen celebrando su única Liga, y Bienvenido Mr. Krif, con Joe Rígoli parodiando su nariz.

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Como Míster era de los que acertaba hasta cuando se equivocaba. De su impulso del fútbol de ataque lo sabemos todo. Un genio que supo retirarse con dignidad, mientras todos se peleaban por su legado. Una década después de su muerte, aún quieren robarle la pelota, y no pueden. Johan nos lleva ahora diez años de ventaja. Y sigue cambiando de ritmo.

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