Escribiendo con el desfibrilador en la mano
El Barça jugó como si caminase por un alambre electrificado, a un paso del desastre y Joan García sosteniendo la red.

Cuando lean estas líneas ya habrá acabado el derbi madrileño. Lo malo es que cuando yo las estoy escribiendo aún ni siquiera ha empezado. Escribir una crónica de fútbol sin saber el resultado es realmente complicado. Y no lo digo por el Barça, que sí que ha acabado, y es a lo que me dedico. El problema radica en que escribir a estas alturas de Liga sobre el Barça es hacerlo obligatoriamente también sobre el Madrid. Y ahí viene el dilema, que no es lo mismo estar a cuatro puntos que a siete a unas semanas de que llegue el clásico que decida quién es el campeón.
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Los de Flick tampoco sabían cómo iba a quedar el Madrid al salir a jugar contra el Rayo. En eso estamos a la par. Cuando Araujo embocó a gol tras un córner, mediado el primer tiempo, parecía que se asfaltaba el partido. Luego resulta que fue todo un adoquinado, sobre todo en la segunda parte. El Barça jugó como si caminase por un alambre electrificado, a un paso del desastre, con el desfibrilador a mano y Joan García sosteniendo la red. Ha sido el mejor fichaje en años. Acaba por fin el partido. Victoria por la mínima y suspiro de alivio. Son las que mejor saben. Un gol que vale tres puntos. Me toca esperar al Derbi con un licor café en la mano. Si leen esta crónica en la edición de papel ya sabrán el resultado. En eso les gano. Ahora mismo, cuando le doy al botón de enviar, estamos con siete puntos de ventaja.
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