Araújo, fuera de lugar
El uruguayo hace tiempo que perdió sus poderes y lo mejor, por ahora, sería protegerle en vez de probarle como lateral o emulando a Alexanco como delantero.
A todos nos ha pasado alguna vez. Recuerdo mi primera (y menos mal que última) comunión, todo el día llorando. Esa noche rodeado de estirados en la ópera con sus trajes a medida. O el concierto sin guitarras al que me vi empujado por la maldita moda de Romeo Santos. Hay ocasiones en las que uno quiere, y aporta la mejor de sus intenciones, pero no. Estás fuera de juego, y punto, por uno o dos kilómetros.
Ronald Araújo se ha acostumbrado a vivir fuera de órbita. Y eso tiene mucho peligro. Es un capitán a jornada completa que, sin embargo, cada vez que se quiere ajustar el brazalete debe pedirlo prestado. Cuando el Barça brillaba este curso él se desmarcó, para sanar espiritualmente sus reincidencias con los gazapos, a orillas del Muro de las Lamentaciones. A su regreso, ha hecho de todo, mutando su cartel de estrella por el de meritorio. Hace nada, en esa querencia al descuadre, lo vimos emulando a Alexanco como delantero, guiado por la épica de la Copa y empujado por sus ejemplares ansias de sumar. Así que lo de anoche en Newcastle, fue una más en esta huida hacia adelante. Que el culé pidiera a gritos la entrada de un desconocido como Espart lo dice todo.
Araújo no sólo fue lateral de salida, que es una rebaja curricular al dejar a dos imberbes al mando de las operaciones centrales. Además, independientemente de que se dedicó a perseguir sombras que volaban a su alrededor a otra velocidad, se quedó colgado en el área contraria, remolcado, en un momento clave del partido. Y así, con mala fortuna, porque los achaques nunca vienen solos, comenzó el regreso al trote para protagonizar, sin querer, cada plano del gol encajado. Pese al runrún que uno rumia cuando se masca la tragedia, lo hizo como un turista por Mallorca. Entre otras cosas porque el físico, antes imponente, hoy le da para mirar la Catedral sentado y desde la sombra.
Teniendo Raphinha la responsabilidad de haber hecho una cobertura a medias en una jugada decisiva, Araújo confirmó en esta ida de octavos que vive permanentemente fuera de foco, con lo que fue y lo que valió. Cubarsí, Eric y Gerard, imperiales, están por delante de él como mariscales. En el costado, aparece en la lista por detrás de Koundé, del propio Eric y de Cancelo. Y en la banda opuesta no tiene cabida porque tiene una pierna. No hay ninguna otra demarcación en este juego que le permita disfrutar de una segunda vida. Si Matthäus, en su día, fue retrocediendo poco a poco desde las posiciones más ofensivas a ser casi líbero para seguir regalando su magia, con el uruguayo hay otra sensación: en su particular y progresiva lateralización, acabará de línea.
Es una pena y no una chanza. Duele verle tan distorsionado. Servidor tenía la esperanza (y aún la mantiene porque es un profesional de sólo 27 años) que volviera a su ser, el que llegaba a todos los cruces como central y el que, cuando caía a banda, secaba a Vinicius. El Araújo que casi cuadra con su venta unas cuentas ajadas. Sobre todo, porque su hipotética candidatura a las alineaciones permitiría jugar más y mejor con la pizarra. Con este estado físico actual de la plantilla, y sobre todo sin De Jong, los poderes de Eric se hacen imprescindibles en medio campo para proteger a Pedri, liderar la presión e iniciar otra vez las estampidas. Sin la opción de Araújo para partidos grandes, los experimentos se reducen cada vez más teniendo en cuenta que llega la primavera, con sus ausencias por tarjetas y más bajas por extenuación.
Seguro que hay soluciones al problema. Pero no se me ocurre en estos momentos ninguna mejor que proteger a un Araújo del que sólo queda la carrocería. Esto es, que participe de central cuando el rival fluctúe a su ritmo y se agote a una hora acordada, normalmente a comienzo del segundo tiempo, y que descanse cuando el Barça se juegue de verdad los cuartos. Sé que alguno pensará que análisis así no suman a la hora de asfaltar un bache mental. Bastante fue ya con el palo de Luis Enrique en una de sus arengas. Pero les aseguro que algo he estudiado sobre el tema. Y junto al tacto, ha de primar en todo momento la pócima del afrontamiento (que no la huida) y la asertividad. La de Laporta, Deco y Flick. Por él, por sus compañeros y por los que le bancamos.
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