Ansioso por escuchar el código morse
En el Camp Nou estará el partido de la jornada. Ahí nos la jugaremos con el transistor pegado a la oreja para hacer cábalas.
Cada uno construye la banda sonora de su vida a medias con su entorno. Mi familia no era muy futbolera. Salió de una tierra pobre y montañosa. Todo lo que apartase de los estudios era una amenaza, pero mi devoción por el fútbol fue casi prenatal y no hubo nada que hacer. Por eso mi banda sonora está tan pegada a los carruseles deportivos de nuestra infancia, cuando los partidos se jugaban a la misma hora y la radio mandaba sobre la televisión. Solo daba en directo un partido a la semana, el que cerraba la jornada y animaba la quiniela.
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De todas esas añejas tardes radiofónicas, que sobreviven aún con honor ante el poder de la televisión para espaciar horarios de viernes a lunes, retengo sus músicas publicitarias, su ‘boquillas Targar informa’, su Soberano es cosa de hombres, y su inconfundible y taquicárdico código morse. El miércoles volveremos a sentir aquella emoción. En el Camp Nou estará el partido de la jornada. Ahí nos la jugaremos con el transistor pegado a la oreja para hacer cábalas. No soy partidario de los cambios en el fútbol, pero este nuevo formato remite a aquellas ligas donde un gol lo cambiaba todo en el último instante. Mañana por la noche los goles pueden valer igual que los puntos en este brutal ‘todos contra todos’. Ya habrá tiempo para que nos la volvamos a pegar, pero esa es otra historia. La última jornada la escucharé por la radio y espero que llegue en código morse.
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