A Flick le faltó Pedri y le sobró Musso
El Barça buscó tener mejor suerte, pero se encontró de lleno con la falta de inspiración del canario, la resistencia mayúscula del Atlético y los guantes del portero rojiblanco.
No hubo milagro del Barça, nunca lo hubiera habido de haber pasado en condiciones normales. La distancia evitaba ese calificativo bajo todas las circunstancias, aunque la calidad competitiva del Atlético sí coqueteaba con ese término. El equipo de Simeone resistió, y el de Flick acabó decepcionado aunque no tenga muchos motivos negativos que echarse en cara. Si acaso esa tendencia suicida con errores evitables que le flagelan. Aun así, los detalles decidieron y en el pulso particular entre ambos parecen sonreír siempre a un Atlético que también lo mereció. La huella de Simeone es indiscutible.
Flick pensó en el antes, el durante y el después, pero hubo pasajes que no pudo controlar y que le exigen una reflexión. La línea de funambulista tiene peaje en Europa y descubre a su equipo en situaciones que le reclaman una eficacia máxima en las áreas. En cualquier caso, su plan de partido tuvo todo el sentido para llegar a igualar la eliminatoria y poner contra las cuerdas al Atleti.
Juntar a tantos jugadores por dentro, con una salida de tres en la que Koundé se interiorizaba, ofreció diferentes alturas al Barça para avanzar a través de Olmo, Fermín o Ferran. A las espaldas de Llorente y Koke sucedieron demasiadas cosas y la combinación de desmarques del delantero entre Le Normand y Lenglet, ya fueran en apoyo o a la profundidad, afiló a su equipo. Lo de Lamine, por momentos, adquirió otra dimensión con intervenciones estelares que hundieron al Atleti. Es cierto que con el cansancio, más el depósito físico de Ruggeri, fue perdiendo fuelle, pero como en Milán el curso pasado completó la clase de partido que queda en la memoria más allá del resultado final.
El Barça buscó tener mejor suerte, pero se encontró de lleno con la falta de inspiración de Pedri, la resistencia mayúscula del Atlético y los guantes de Musso. Se ha visto una versión muy poco fina del canario en ambos duelos con el Atleti. En la ida tuvo que ser cambiado en el descanso; en la vuelta sí apareció aunque con escaso acierto. Su incidencia en los metros finales y en la construcción se quedó muy corta, además de caer en errores que propiciaron diversas transiciones rojiblancas como la que derivó en la expulsión de Eric García.
Como tantas veces, el Atleti se puso el mono de trabajo y de sufrimiento para resistir cuando parecía que tenía que subir otra montaña demasiado complicada después de ver el envite equilibrado. Lo hizo a través de la clarividencia de Griezmann y las galopadas de Llorente, en ataque y en defensa, para protagonizar otra actuación emocionante en todos los aspectos. Dos futbolistas que honran su profesión de distinta manera, pero intachables en su comportamiento y valiosísimos para su entrenador.
No puede tener queja tampoco Simeone del fondo de armario del que disfruta. Al igual que en Barcelona, las entradas de Baena y Sorloth provocaron que el Atleti recuperara el aliento y volviera a amenazar al Barça. Era algo imprescindible para llevar a la duda a su rival y agobiarle. En ese tramo, sin la fortuna de su parte y bloqueado siempre por las paradas de Musso, el Barça se fue cayendo, sin que los cambios aportaran. Tímidos Rashford y Lewandowski, inexplicable la sustitución de Ferran, apenas Bardghji y Araújo levantaron la cabeza por las bravas.
En todo caso, la noche no era para el Barça. Sentirá que se va de Europa otra vez antes de tiempo, pese a una idea atrevida y reconocible, pero que también le debe poner delante del espejo para meditar si es el mejor camino posible en ciertos escenarios para alcanzar la credibilidad necesaria en estas fases de la competición. Simeone siempre entendió esa realidad en un Atlético que merece halagos y mayores expectativas, con una plantilla extraordinaria que tiene poco que envidiar a tantas otras. El portero suplente, al que ya nunca más se le podrá etiquetar así, fue la gran diferencia en la eliminatoria. Eso pone en valor al actual Atlético.
Apoyo y desmarque
Griezmann baja a recibir sin que Gerard Martín se atreva a salir y Marcos Llorente rompe en carrera desde atrás. Uno de los pocos desajustes que penalizaron y mucho al Barcelona.
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