Final Fantasy XIII
Final Fantasy XIII

Final Fantasy XIII, guía completa

Te ayudamos a descubrir la aventura de los Elegidos.

A diferencia de otras ocasiones, el capítulo no se termina con este duro enfrentamiento, sino que prosigue en otro mapa más. Curiosamente los tesoros no hacen casi acto de presencia en este punto, lo que nos lleva a hacer frente a sinfín de enemigos que aparecen por doquier en todos los escenarios desde el crucero intermedio al presbiterio al que debemos llegar para acercarnos a nuestro objetivo. Los dos tesoros se obtienen con relativa facilidad, siempre el primero un sello de ninfa y el segundo un biosensor (x3). Además de hacer frente a las escaramuzas que se libran por diversos puntos del mapa (siempre buscando realizar un ataque por sorpresa encadenado con magias que ataquen a varios puntos, siempre con el fin de lograr aturdir a cuantos más enemigos sea posible mejor) hemos de librar un último combate contra un stikino, un gran bégimo y dos skatene.

Cuando terminamos con ellos basta con activar el ascensor para volver a protagonizar otro combate (esta vez una emboscada) que tampoco debería ofrecer mayores problemas si seguimos estrategias anteriormente comentadas. Por suerte, el mapa que se abre a continuación es poco menos que una línea recta que nos lleva desde el transepto hasta el ábside luchando contra skatenes, berserkers y sables voladores. Sólo un tesoro, en la localización del crucero retirado (x2 hueso enigmático) se interpone entre nuestro camino y las catacumbas, donde libramos otro interesante combate.

- Bahamut: Hemos de batallar en este combate con Vanille, Lightning y Fang. Esta última por motivos obvios al ser la destinada a portar la misticita de este ser mitológico. Protector, Sanador y Sanador deberían ser suficiente para soportar la primera oleada de ataques de este bicho tremendamente poderoso, mientras dos curan, el otro utiliza defensa, la única forma de convencer a Bahamut de que se una al clan. Una vez esto suceda podemos elegir entre lanzar un ataque total, basado en el clásico doble fulminador y castigador, o por el contrario emplear un grupo más variado formado por un sanador, un obstructor y otro protector. Una tercera posibilidad se encontraría sin el rol del sanador, sustituyéndolo por el de obstructor. En cualquier caso, el Eidolón no debería tardar demasiado tiempo en morder el polvo.

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