NBA

El fin de una era, el fin de los Warriors

Con Curry cumpliendo cada vez más años y Steve Kerr sin decidir su futuro, la última gran dinastía constata que su tiempo ha pasado y que ya sólo quedan las migajas.

CHRISTIAN PETERSEN
Redactor de Baloncesto
Alberto Clemente es licenciado en Historia y Periodismo por la Universidad Rey Juan Carlos. Empezó su andadura en el periodismo en Cadena SER, donde estuvo de mayo de 2018 a enero de 2019, desempeñando sus funciones en la web, dentro de la sección de deportes. Tras dicha estancia, pasó a formar parte de As, siendo parte de la sección de baloncesto.
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Si hay una verdad incuestionable en la vida es que, de repente o poco a poco, todo se acaba. Y esa es la triste realidad a la que los Warriors se han negado a enfrentarse. Un final triste, que genera hasta cierta lástima, pero que es indiscutible desde hace ya varios años por mucho que la franquicia se haya empeñado en ignorarlo. Y esa es la pena de la última gran dinastía de la historia de la NBA: la de los cuatro anillos en seis Finales, la infinidad de récords, las 73 victorias en regular season o la de los premios individuales. Nada de eso cuenta ahora, con la competición norteamericana recogiendo las migajas de lo que otrora fue un dominio absoluto y sumando siete campeones diferentes en los últimos siete años. Pero peor es lo que están viviendo en San Francisco, que con el título de 2022 vivieron una dulce prórroga y ahora son sólo sombras y cenizas.

La derrota contra los Suns en el segundo partido del play in confirmó el fin de una era que hace ya mucho que acabó. En el primero, todavía hubo un connato de rebeldía en forma de talento de la franquicia de Golden State, que mandó contra todo pronóstico a los Clippers a casa, otro proyecto similar al suyo en lo referente a lo que han hecho los últimos años, convirtiéndose en una máquina de coleccionar viejas glorias entradas en año, jugadores del pasado que ya no tienen cabida en el presente, mucho menos en el futuro. Pero en Arizona se acabó todo y el sentido abrazo que Steve Kerr se dio con Stephen Curry y Draymond Green constató lo evidente, lo ya dicho: que todo tiene un principio, pero también un final. Y el legendario entrenador, una de las mentes más brillandes de la historia del deporte americano, ya ha insinuado un adiós que ya veremos si se da.

Kerr acaba contrato y ya ha dejado su futuro en el aire. Un hombre que cogió el equipo con 49 años, en 2015, y que ya tiene 60 y puede poner rumbo a la clandestinidad con los deberes hechos y el hecho de ser considerado como uno de los mejores entrenadores de todos los tiempos. También uno de los personajes con más anillos, cinco como jugador y cuatro en los banquillos, nueve en total para una mente preclara que también demostró sus dotes como directivo en la última gran versión de los Suns de Steve Nash, los del Seven Seconds or Less, los que pisaron las últimas finales de Conferencia de 2010. Pero Kerr, inconmensurable en las formas y en los tiempos, es muy consciente de la situación actual, esa que dice que este proyecto ya no da más de sí. Y el hecho de haber aguantado tanto tiempo corresponde más a la necesidad emocional de seguir ligado a la entidad que a otra cosa.

La situación se veía venir: el equipo ha ido perdiendo en los últimos años esas piezas que les convirtieron en una dinastía histórica. Más allá que la relativamente anecdótica salida de Kevin Durant, ese hombre que no está agusto en ningún sitio, en 2019, la peliaguda situación se hizo más evidente con las salidas del directivo Bob Myers en 2023 después de ser el hacedor de que todas las cuentas cuadraran en una entidad en la que el equilibrio momentario fue fundamental para mentener la plantilla; y la de Klay Thompson un año después, tras sufrir las lesiones más duras del deporte (el tendón de Aquiles, el ligamento cruzado anterior), confirmar que no iba a volver a ser el que fue y poner rumbo a los Mavericks para ganar un anillo al lado de Luka Doncic. En fin: una historia que ya sabemos cómo acabó: con el esloveno en los Lakers y el histórico escolta quedándose con las pavesas que un día supieron a fresas.

Continuismo o revolución

Los Warriors están en una situación prácticamente imposible. Desde que ganaron el anillo de 2022 han caído dos veces en semifinales y en las otras dos ocasiones se han perdido los playoffs. Es la séptima ausencia de Curry, lo que supone que el base se ha perdido la fase final en el 40% de su carrera. Por poner el contexto el dato, decir que LeBron James ha pisado las Finales en el 43% de la suya, lo que demuestra la liga en la que juega el Rey, todavía en activo con 41 años y 23 campañas a sus espaldas, vivo en playoffs con la que fue su némesis haciendo el petate. El base acaba de cumplir 38 años, arrastra problemas físicos constantes que sólo le han permitido disputar 43 partidos esta temporada, y si bien supera los 26 puntos por noche y sigue haciendo gala de un talento generacional, sus momentos de gloria son cada vez más puntuales y nunca llegan acompañados de lo que tiene alrededor.

Entre otras cosas, porque no tiene nada: Draymond Green, con 36 años, ya es sólo un personaje que se ha comido al jugador, que se dedica a hablar en podcasts mientras hace gala de su consabida verborrea y que demuestra un día sí y otro también que ejerce un estilo muy acorde a la época en la que ha jugado, y que fsólo unciona cuando va de la mano de las piezas adecuadas. Kristaps Porzingis cumplirá 31 y ha jugado apenas 15 partidos, Al Horford juega porque sí camino de las 40 primaveras, Jimmy Butler llegará a 37 en septiembre y lleva la mitad de la temporada en el dique seco tras romperse... Y el resto son jugadores de rol, muy menores después de que la franquicia acabara con el sainete de Jonathan Kuminga, un jugador que igual se piensa más de lo que es pero al que no se le han dado oportunidades para que sean los veteranos los que sigan jugando. Y así se desarrolla todo en San Francisco. Sin desarrollarse.

La franquicia, que vaía 315 millones cuando Curry fue drafteado en 2009, vale ahora más de 9.000 millones y la temporada que viene está obligada a repartir más de 176 en salarios, casi 30 menos que esta temporada, con Curry (más de 60), Butler (casi 57) y Draymond (casi 28) en año expiring. Y ahí es donde la entidad tendrá que resolver su futuro deportivo, haciendo borrón y cuenta nueva o intentando ir a por Giannis Antetokounmpo este verano, vete tú a saber para qué. Está claro que el griego quiere salir de los Bucks, pero cuesta pensar que quiera ir a Golden State, a un proyecto tan desmadejado como deartalado, sin rumbo ni dirección. Por sonar, ha sonado hasta LeBron, el colmo de la desvergüenza para poner la guinda del pastel a la ristra de veteranos fichando a la persona más mayor de la NBA. Esto es mucho más remoto que lo de Antetokounmpo. Y, en este punto, ya es decir.

Casi como en la última trilogía estrenada de Star Wars, los Warriors se mueven por el fan service, por la nostalgia. Siguen siendo una franquicia extremadamente rentable por obra y gracia de Curry, de sus triples,d e sus highlights. Y desde el punto de vista emocional lo que quiere el público es seguir viendo a su héroe hasta el fin de los tiempos, hasta que no se pueda ni mover. Hasta entonces, habrá que ver los movimientos que realizan este verano y que pasa cuando llegue 2027 y la plana mayor de la franquicia en 2027. Es lo que falta por saber para conocer la fecha de un final que todo el mundo sabe que existe, pero que los Warriors se empeñan en ignorar. Por empecinamiento, añoranza, cabezonería o, simplemente, porque no quieren que su etapa más gloriosa termine nunca, por mucho que ya no quede gloria en ella. Ya se había acabado, pero ahora se ha constatado: es el fin de toda una era. El fin de los Warriors.

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