Salud

Michael W. Young, genetista: “El reloj biológico del cerebro ayuda a controlar nuestro ciclo de sueño y vigilia”

El ganador del Premio Nobel de Medicina en 2017 ha investigado los ciclos circadianos y su importancia en la regulación de los procesos fisiológicos, físicos y mentales.

Redactor de Tikitakas
Nació en Santa Marta de Tormes en 2001 y creció entre Guadalajara y Badajoz. Amante de la literatura, estudió Periodismo en la URJC. Se estrenó como jefe de Cultura en El Generacional. Ha sido corresponsal para El Estilo Libre y conductor de informativos en Cadena COPE. Entró en Diario AS en 2023 como redactor en Actualidad.
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Corría el año 2017 cuando Carlos XVI Gustavo de Suecia, rey del país escandinavo, amén de la tradición que rodea la entrega de los Premios Nobel, entregaba a Jeffrey Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young el galardón en la categoría de Medicina por sus avances e investigaciones en una materia tan compleja como la relativa a los ciclos circadianos. Esto es, el reloj biológico interno que regula todos los procesos fisiológicos, físicos y mentales.

Sucede que estos ciclos, tal y como el propio Michael W. Young apunta, ejercen como reloj en tanto que se sincronizan con la luz y la oscuridad. En pocas palabras: avisan al cuerpo de que hay que dormir por la noche y levantarse por el día; y lo mismo con un actividades vitales que van desde socializar hasta comer. Si no se respeta la pauta comienzan a brotar problemas de alteración en el sistema metabólico, lo que desencadena en un sinfín de desajustes y problemas tales como la ansiedad.

“No es posible cambiar los ciclos horarios sin consecuencias”

La aportación de Young, genetista de profesión, a este escenario fue el descubrimiento de un gen concreto que codifica los códigos para que las proteínas (junto a genes específicos, responsables de la sincronización) acometan con éxito su función. Y así se crea un mecanismo de gran fiabilidad horaria. “Los ritmos circadianos son impulsados biológicamente y persisten incluso si hay señales contradictorias del exterior”, explica.

Si se quiere implantar algún cambio, como sabrá el lector por experiencia, no se podrá realizar sin que el cuerpo, en cierta parte, se resienta. “Por lo tanto, no es posible cambiar estos ciclos horarios sin percibir alguna consecuencia a medio y largo plazo”, cuenta, extendiendo dicha función a todas las partes del cuerpo en las que ejerce su poder: “Estos ciclos circadianos tienen el mismo mecanismo en todas las células con relojes”.

Ejemplo de ello es el cerebro, donde los ciclos circadianos “controlan nuestro ciclo de sueño y vigilia”; o el hígado, donde “ayudan a digerir muchos mejor la comida transformándola en energía o almacenándola”. Todo esto, por descontado, “siempre según la hora del día”.

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