Un Madrid quijotesco
No nos hagamos trampas en los solitarios. Somos una sombra borrosa del grandioso equipo que fuimos. Mala gestión. Y punto.
Pesadilla en La Mancha. Sólo el espíritu manchego es capaz de consumar una gesta de este calibre. Ese ADN que tiene la gente de mi tierra consigue que no haya molino de viento que los frene. Ocho suplentes del Alba, que marcha 17º en la Segunda División, se bastaron para sacar los colores a un Titanic futbolístico que lleva año y medio sumido en una cuesta abajo dolorosa y sin visos de poder ver una luz entre la niebla, la misma que presidió el batacazo del Carlos Belmonte. No echen la culpa a Arbeloa, señores, porque sería indigno y mezquino. Este bochorno viene generado por la mala gestión del club en estos últimos 18 meses. En junio de 2024 éramos los reyes de Europa, Ancelotti era el técnico más laureado del mundo y parecíamos invencibles. Pero se nos fue Kroos y no se fichó a nadie para cubrir esa posición clave en el campo. Y se fueron Nacho y Joselu, dos canteranos de oro que además eran líderes en el vestuario. Y el pasado verano se marcharon Ancelotti, al que le restaba un año de contrato y se le despachó sin valorar que era un suicidio deportivo, Lucas Vázquez y Modric. El mago croata quería seguir un año más para despedir su gloriosa carrera de blanco y con su selección en el Mundial. Pero le dijeron que con 40 años mejor apostar por un joven como Güler. Hoy Luka es el líder indiscutible del Milan, que lucha por el Scudetto. Y el turco se ha diluido como un azucarillo reflejando que la apuesta por él fue exagerada y mal medida. El problema de este Madrid es de fútbol. No se le puede echar la culpa sólo al físico. ¿Antonio Pintus va a hacer que alguien levante la cabeza y meta pases filtrados en plan magistral? No nos hagamos trampas en los solitarios. Somos una sombra borrosa del grandioso equipo que fuimos. Mala gestión. Y punto.
Las caras del palco. Allí estaban tres ilustres como Roberto Carlos (¡no hemos vuelto a tener un lateral zurdo tan descomunal como él!), Solari (uno de los que ayudó a ganar la Novena en Glasgow) y Butragueño (un genio irrepetible con el que levantamos cinco Ligas seguidas). Me pregunto qué pensaban en el palco de autoridades ante semejante ridículo. Imagino que tristeza e impotencia. ¿A quién le echamos la culpa ahora?
Orgullo de canterano. Y eso que Gonzalo García, un canterano que siente los colores y tiene un coraje fabricado en Valdebebas, metió un gol de cabeza espectacular que parecía retrasar el naufragio. El 2-2 en el descuento parecía suficiente para al menos aferrarse a una prórroga que salvase momentáneamente los muebles. Pero cuando todo está torcido ni siquiera te puede salvar eso. En la última jugada Lunin dibujó su noche horribilis comiéndose el tercer gol del descabello (ya en el segundo pudo hacer bastante más). El caso es que mis paisanos tocaron el cielo en una noche que jamás olvidarán en el resto de sus vidas. Más que merecido. En el fútbol, el corazón y la casta para ver cumplidos tus sueños valen mucho más que un sueldo desorbitado, un casoplón de lujo y un garaje plagado de coches de alta gama. El hartazgo es general. El Madrid es el club con más seguidores del mundo y ese patrimonio sociológico no puede tirarse por la alcantarilla del fracaso en tres días donde se esfumó media temporada. Quedan la Liga y la Champions, pero con este panorama... ¿quién se atreve a elevar la bandera del optimismo?
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