SANTI GIMÉNEZ

Tres años de huida hacia adelante

El último proyecto de Laporta podría definirse como el de la improvisación y de cómo una multinacional pasó a ser una empresa familiar.

Alejandro García
Nació en Barcelona en 1968. Estudió Ciencias de la Información y Filosofía. En 1988 entró a trabajar en la revista Barcelona Olímpica, en 1990 en el diario Las Noticias. Tras cerrar ambos medios se incorporó al Diario de Barcelona en 1990, que no cerró hasta 1994. En 1994 entró en SPORT. Se incorporó al Diario AS en 2010, donde es Subdirector.
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Se cumplen hoy tres años de la victoria electoral de Joan Laporta. Una época que podría definirse como la de la improvisación. De la candidatura liderada por él en 2003, donde existía un plan estratégico (‘Círculo Virtuoso’) y estaba acompañado por una generación que prometió dar “los mejores años de nuestra vida por el Barcelona”, poco queda. Ese proyecto ha quedado reducido a una sensación de improvisación constante. Han saltado del barco hombres como el que iba a ser el vicepresidente económico de la entidad, Jaume Giró, el CEO Ferran Reverter y hasta 33 altos cargos. El club ha adoptado, según palabras de su presidente, el espíritu de “empresa familiar” donde él lo controla todo. Una gestión que uno de los mentores de Laporta como Evarist Murtra definió como “nepotismo”.

El espíritu de Laporta es la gasolina del Barcelona en estos momentos en los que el club vive día a día de palancas, soluciones ingeniosas, ingeniería bursátil, y se torean de la mejor manera unas cuentas que dan pavor. La herencia fue nefasta, pero la austeridad no ha caracterizado este trienio. Laporta es irreductible. Tiene el nuevo estadio encarrilado, ganó en su segundo mandato las seis Ligas profesionales que disputó. Cada vez que parece salirse de la carretera, regresa por sorpresa en la siguiente curva. Pero la huida adelante es cada vez más desesperada y la carretera más peligrosa.

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