Thiago es la metáfora de los olvidados
Álex Jiménez, Jacobo Ramón, Nico Paz... Hace tiempo que el club no deposita la confianza en la cantera, convertida en un valor de rendimiento económico.
El empeño es un valor indispensable cuando falta identidad en el juego, y al Real Madrid le ha faltado durante toda la temporada. En Balaídos ofreció una versión laboriosa, de entrega colectiva y voluntad de ganar. Se apreció desde el primer momento y rindió beneficios en el último segundo del partido. Un remate largo de Valverde entró con una carambola por medio. Del valor del gol habló la celebración del equipo, integrado en el trecho final del encuentro por varios integrantes de la muchachada del Castilla.
Hace tiempo que el club no deposita la confianza en la cantera, convertida en un valor de rendimiento económico. Se ceden los jugadores, con cláusulas que procuran un alto porcentaje de regreso económico cuando son traspasados a otros clubes, según el modelo industrial que se ha apoderado del fútbol.
Hace tres semanas, el Bournemouth fichó a Álex Jiménez, exjugador del Castilla, lateral o extremo derecho, según lo que decida Andoni Iraola, y el Real Madrid recibió un considerable pellizco de la operación, cifrada en 18 millones de euros. Jacobo Ramón, central en el Como italiano, destaca donde Nico Paz, figura de las categorías juveniles del Real Madrid, se ha consagrado como estrella. Su caché se sitúa entre los 60 y 70 millones de euros, la cifra que significó el traspaso de Mastantuono el pasado verano. ¿Regresará, fichará por algunos de los mejores equipos de Europa y, sobre todo, por qué no ha merecido una verdadera oportunidad en el Real Madrid?
Son preguntas que año tras año se hacen los aficionados al Real Madrid. La respuesta es invariable: no están preparados para esa clase de aventuras. En el ambiente prevalece la opinión que subyace en la reiterada falta de presencia de jugadores de la cantera. Si no están es porque no valen.
Lo mismo se decía en el Barça gastador en jugadores carísimos y de pobrísimo rendimiento. En la década anterior, se produjo un vacío notable entre Thiago Alcántara y Ansu Fati. Aparecieron algunos jugadores −Sergi Roberto, por ejemplo−, pero daba la impresión de tratarse de jugadores de relleno. Ahí se instaló un derroche que terminó con el club en la quiebra técnica.
Resulta que la cantera del Barça cuenta con jugadores estupendos, ocultos bajo la densa red de intereses comerciales que domina el panorama actual del fútbol. O sea, el mercado y sus engaños. El Barça necesitó la destrucción masiva de su economía para agarrarse a su último enganche: la cantera. Es muy probable que en los días de vino y rosas, se perdieran talentos de primer orden. ¿Jugarían en el primer equipo Cubarsí, Bernal y quizá hasta el mismo Lamine en los años donde se contrataban a futbolistas de medio pelo por cantidades astronómicas? Juegan porque la necesidad ha apretado.
En uno de los partidos más importantes de la temporada, el Madrid quedaba fuera de combate en la pugna por el título si perdía en Vigo, Thiago Pitarch, un chaval de 18 años, fue titular. Cuatro días atrás, fue sustituido en medio de las protestas del público, que está harto de estrellas que no corren, de conflictos, del mal juego y de justificaciones extravagantes. La hinchada no sabe si en la cantera está produciendo jóvenes preparados para saltar al primer equipo, pero de dos cosas están seguros los aficionados: quieren verlos con más asiduidad y existe la seguridad de que no defraudarán.
Thiago Pitarch fue decisivo en el buen tono del Madrid. Su actividad fue constante y sus decisiones, correctas, hasta que a última hora le faltó el oxígeno. ¿Qué se vio? Un centrocampista que muere por jugar en el Madrid, implicado al máximo en el juego, con un potencial que poco a poco, o quizá con rapidez, merece acreditarse en el primer equipo.
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Pitarch fue la imagen de un Madrid desacostumbrado: tenaz, insistente, sin tonterías. Abandonó el campo y allí estaban Asencio, Palacios, Manuel Ángel. Unos llegarán; otros, no, quién lo sabe, pero si no cuentan con oportunidades, pasarán a engrosar la larga lista de jóvenes que funcionan como registro de entrada de dinero en los traspasos posteriores.
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