Superliga muerta, Superliga nueva
La historia del fútbol está llena de Superligas que murieron, cadáveres de competiciones ficticias, públicas o empolvadas en un cajón.
Ha muerto la Superliga. Ha pasado lo que desde el principio se sabía. Fantasear con un nuevo torneo cerrado y exclusivo para la élite del fútbol europeo ha sido perder el tiempo. Nadie quería un cambio. Nadie estaba preocupado porque los niños ven menos fútbol ni por el formato de la competición. A nadie le importaba una nueva plataforma para ver el deporte rey en streaming. En realidad, lo que querían los equipos poderosos era lo de siempre: más dinero.
La historia del fútbol está llena de Superligas que murieron, cadáveres de competiciones ficticias, públicas o empolvadas en un cajón, que intentaron modificar el status quo, el poder establecido, el orden natural. Desde aquel G-14 con los mejores clubes hasta este otro conato que durante cinco años ha perdurado por empeño del Madrid, las amenazas separatistas han tenido siempre un propósito mucho más económico que deportivo.
Así se consiguió apretar históricamente a la UEFA y es en realidad la forma en la que se obtuvieron resultados. Del inicio de las competiciones europeas a lo de ahora hay un cambio sustancial. Incluso desde el día del estallido de la Superliga hasta hoy: se juegan más partidos, el formato de la Champions es otro, se protege al poderoso frente al débil, se firman contratos televisivos más largos y conjuntos con otros países, hasta se ha colado para siempre el polémico Mundial de Clubes que tanta controversia ha generado. No hubiera sido posible sin esta Superliga ni las anteriores. Esto es así. Solo obtiene réditos el que aprieta siempre las tuercas…
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