Mbappé Supreme
Sólo hay flechas hacia arriba en su carrera desde que debutó ante el Caen, que ahora es suyo.
En el peliculón del momento (no se lo pierdan, no dejen nunca de ir al cine), Marty Mauser es un fenómeno empeñado en triunfar en el tenis de mesa en los años 50, cuando ni Dios había oído hablar del ping-pong. La irrefrenable rebeldía contra el mundo del protagonista de Marty Supreme, un culo inquieto con una extraña capacidad de meterse en todos los berenjenales posibles, me recordó a la figura de Kylian Mbappé en Mestalla, donde su soledad fue más alarmante que nunca. Los tejemanejes de Marty en la pantalla tratando de llegar al Campeonato del Mundo en Japón a toda costa chocan con la inercia del resto del universo, que parece conjurarse para impedírselo. No es mala metáfora de todo lo que le viene pasando al Real Madrid en este año y medio largo desde que llegó al Bernabéu. Y si bien el carácter del 10 blanco no parece el de un chico que se aflija ante la adversidad, su carrera y sus cifras individuales demuestran lo contrario.
No hay más que flechas hacia arriba en la carrera de un joven que debutó en el fútbol profesional con el Mónaco (sustituyendo a Fábio Coentrão, ojo, que eso marca) jugando dos minutos contra el Caen; y que hoy, diez años y dos meses después, se ha convertido en el dueño de aquel rival de su primera vez, el Stade Malherbe Caen Calvados Basse-Normandie, uno de los equipos con el nombre más largo (y poético: Malherbe era escritor) del mundo.
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Entre la opinión de esos madridistas (parece increíble, pero los hay) que siguen desconfiando de Mbappé por los dos años (o más) en los que el 10 blanco amagó con salir del PSG; y los que pensamos que el Real Madrid es Mbappé, Courtois y nueve más, seguramente haya un término medio, pero me cuesta encontrarlo. En la película de Josh Safdie solo un triunfo final, aunque sea más honorífico que otra cosa, podría parar al personaje de Timothée Chalamet, el buscavidas solitario y quijotesco que no va a parar hasta conseguir la honra. Me pregunto si en su soledad de hombre que marca la mitad de los goles de su equipo, Mbappé piensa en la posibilidad de otro año sin grandes títulos, si le basta con una nueva Bota de Oro, o si, como Marty Supreme, su única obsesión es llegar al Mundial.
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