Los servicios mínimos del Madrid
No es baladí elegir cómo acabar esta temporada, porque su fútbol da hoy para lo que da. Y sin Militao alcanza todavía para menos.
El vacío que deja la Champions en el Madrid es indisimulable. Con los servicios mínimos, sin demasiada fe en sus opciones clasificatorias en la Liga, despachó a un Alavés inconsistente, incapaz de aprovecharse del perfil bajo que exhibió el equipo de Arbeloa. El Madrid asumió la iniciativa, pero su conquista se quedó como tantas veces en el resultado y no en el juego. El consuelo es que Vinicius y Mbappé marcaron como quite de perdón para rebajar los decibelios y reanudar la caza, aparentemente imposible, sobre el Barcelona.
El once de Arbeloa no se asemejó tanto al de Múnich como se podía esperar. Hubo tres cambios de nombres (Huijsen, Carreras y Tchouameni) y un retoque del sistema ofensivo sin Brahim en el campo. El Alavés se presentó con una defensa de tres centrales, sin excesivos miedos y con la voluntad de profundizar en las dudas blancas. Lo hizo por momentos, aunque el gol le dio la espalda menos cuando el duelo agonizaba. En correspondencia con sus buenas intenciones cooperó Carreras, no así Huijsen, bastante más seguro que en otras ocasiones.
Las licencias defensivas del Madrid fueron recurrentes, y su fútbol de ataque tampoco tuvo demasiados argumentos a los que agarrarse. Al equipo de Arbeloa le costó entrar en calor y nunca emocionó. Apenas Güler intentó cosas diferentes desde el pase. Mbappé tiró desmarques a medias cuando le conviene atacar más la profundidad, mientras que Vinicius sí lució en la conducción sin dejarse ver lo que le tocaba cuando el balón era propiedad de otro compañero. Esa construcción ofensiva del Madrid funcionó de manera intermitente, más por empeños individuales que por fabricación colectiva.
El Alavés nunca se vio sometido. Quizá por ahí tampoco se creyó que estaba en el Bernabéu. Los méritos que contrajo chocaron con su ineficacia en la definición. Porque el final de partido habla bien del equipo de Quique y muy mal del de Arbeloa. Los cambios tempranos del entrenador blanco activaron el modo de desgana de los suyos y nadie puso razón al desvarío. Mastantuono y Camavinga insistieron en su lado borroso y la aportación de Brahim resultó insustancial. Esta vez no hubo rastro de los canteranos, a los que nadie puede rebatir su nivel de intensidad, cualidad que no sobra en el Madrid actual según el tipo de partido.
Fuera de lugar, atolondrado por la rutina que le atormenta de muchos defectos y menos virtudes, el Madrid aguantó la victoria sobre el alambre. Su coqueteo con un nuevo revés incide en la idea de que se debe obligar a un período de reflexión grupal que trasciende la actual coyuntura. No es baladí elegir cómo acabar esta temporada, porque su fútbol da hoy para lo que da. Y sin Militao alcanza todavía para menos.
El señuelo
Mbappé libera espacio a Vinicius con un desmarque de arrastre sobre los centrales del Alavés. El delantero francés entiende mejor que el brasileño cómo moverse en situaciones en las que no tiene el balón.
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