La banda de Lamine juega en armonía
Empezó algo perezoso, pero acabó enchufándose. Verlo es un festival. Su gol fue otra joya y precedió al de Bernal. Flick redondeó la fiesta con el debut de Tommy Marqués.
Joan Laporta dimitirá el lunes con los deberes hechos. Por la mañana, se bajó oficialmente del tren de la Superliga para que nadie lo relacione con Florentino durante la campaña electoral y, por la tarde, el equipo que construyó a partir de su tercer año de mandato, cuando ya nadie lo esperaba en medio de una crisis galopante, ganó sin discusión al Mallorca y asentó su liderato después de sestear en la primera parte y meterle un pisotón al coche en la segunda. Lewandowski, 114 goles en menos de cuatro temporadas con el Barça, abrió la lata. Está a tres goles de llegar a Stoichkov; y si hace seis más, se meterá en el Top-10 histórico del club. La trayectoria del polaco, que ha generado controversia permanente por la edad en la que se ejecutó su fichaje, es realmente admirable y poco contestable.
Pero este es el Barça de Lamine. Casi siempre te devuelve el dinero de la entrada. Empezó algo perezoso, pero acabó enchufándose. Verlo es un festival. Su gol (quinta jornada consecutiva marcando) fue otra joya y precedió al de Bernal, delicatessen de zurdo de toda la vida. Su galopada fue el símbolo de cómo ha escapado de la lesión. El partido terminó siendo una fiesta; y Flick la redondeó con el debut de Tommy Marqués. Más Masia, inagotable. Hasta nueve chicos de la casa puso Flick en el campo; y un partido que comenzó simplón terminó en armonía. La que reina en el Barça antes de que comience el terremoto electoral.
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