En la cabeza de Gonzalo
No le ha dado tiempo a demostrar su avaricia rematadora, pero sí su testa privilegiada; en todos los sentidos. Si fuese político, sería uno de algún país nórdico, un reino pequeño, pero sin corrupción...
Los delanteros tienen que ser egoístas. Aunque quizá no tanto como Manex, el chaval navarrico del Racing que, frente al coloso Joan García en El Sardinero, decidió no ceder el balón al compañero desmarcadísimo que la habría empujado a la red. Antes del ego está la cabeza.
A Gonzalo García no le ha dado tiempo a demostrar su avaricia rematadora, pero sí su testa privilegiada. En todos los sentidos. Zarra era la mejor cabeza de Europa después de Churchill. Hoy es mejor no buscar políticos para comparaciones odiosas, pero Gonzalo sería uno de algún país nórdico, un reino pequeño, pero sin corrupción. Avezado cebeceador, cuatro de sus nueve goles con el Real Madrid han sido con el cráneo, desde aquel primer gol salvador in extremis contra el Leganés en Copa.
La cabeza de Gonzalo aún da para más: presiona limpio, fija a los centrales y da esplendor. Hace esas cosas académicas e invisibles que antes se daban por sentadas y ahora se celebran como una excentricidad. En una delantera del Real Madrid sin brasileños −idea hoy ¿inimaginable?− sería el compañero perfecto para Mbappé. Gonzalo, que corre como si el futuro le debiera algo pero juega con el respeto de quien quiere que la oportunidad no termine nunca, debería ser el único hombre razonablemente satisfecho en el Real Madrid. Sin embargo, su hat-trick perfecto contra el Betis −derechazo, tacón con la izquierda y testarazo− parece hoy un recuerdo borroso. Y, a la velocidad que va esto, de la prehistoria son ya sus goles en el Mundial de Clubes. Una asistencia le dio aquel pichichi compartido con Di María, Guirassy y Marcos Leonardo. Que un goleador gane por un pase es tan contradictorio como que un jugador del Madrid actual pueda estar contento.
Sin veteranos elocuentes, con Courtois demasiado lejos del juego y Mbappé con remilgos para ejercer de líder al margen de sus guarismos, el ancla con el escudo blanco es un futbolista que remite a otros tiempos. En un Madrid que se tambalea, la única certeza es un joven delantero de la cantera que vive como si le sostuviese la historia del equipo blanco. Como si llevase el Real Madrid en la cabeza.
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