Pasaba por aquí | Rafa Cabeleira

El regreso –que nadie pidió- de Bartomeu

Bartomeu fue el presidente que convirtió un trasatlántico en un barco de papel lleno de goteras

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El mundo está lleno de regresos que nadie pidió, como esos remakes de películas que no se esperaban porque ni siquiera las originales daban para mucho más que un bol de palomitas, un refresco de grifo y una colección de bostezos. “¿Pero quién ha decidido que esto era necesario?”, se preguntarán los críticos, avanzadilla de ese público estupefacto que acabará refugiándose en un libro como única alternativa al olvido. No importa. Siempre hay alguien convencido de que revendernos lo que no funcionó es una idea excelente, el mismo planteamiento que parece haber seguido Josep María Bartomeu antes de reaparecer ante los micrófonos de Catalunya Radio para explicarnos que su mandato tampoco estuvo tan mal.

Su vuelta tiene algo de revisión histórica, pero aprovechando las ofertas, como si el tiempo y una bolsa de plástico pudieran convencernos de que aquello no sucedió. Que lo de Leo Messi mandando un burofax para salir pitando no fue tan grave. Un malentendido, a lo sumo. O que el club no contrató servicios con una empresa que tenía como sede social una autocaravana abandonada en un descampado de Uruguay, servicios que en nada beneficiaban al Barça pues se trataba de monitorear las redes sociales para perseguir a periodistas y tuiteros críticos con su gestión. “Me han matado a un hijo, pero lo que nos hemos reído”, decía Gila. Aquello fue el clímax del outsourcing llevado al realismo mágico. Algo sí que reímos, sí. Pero por no llorar.

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Bartomeu fue el presidente que convirtió un trasatlántico en un barco de papel humedecido por las goteras que brotaban desde dentro. Bajo su mandato, el Barça no solo perdió el rumbo: se inventó un mapa que casi lo lleva a la desaparición, un compendio de decisiones deportivas propias de una cena de Nochebuena y aventuras contables que terminaron en una sinfonía de sospechas. Puede que él no lo recuerde así y está en su derecho de explicarlo. Lo extraño sería que todavía encuentre a alguien que se siente a escucharlo sin haber escondido antes la cubertería.

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