El otro Iniesta, el otro Roberto y Joan
Tuvo que ser Joan García, en el día de su retorno al RCDE Stadium, el mejor del Barça para evitar la victoria del Espanyol en un derbi de antaño, con más ruido que nueces y mucha rivalidad.
Una rivalidad de antaño. Se había palpado una rivalidad casi de igual a igual durante la semana, a pie de calle. Amanecía ayer la Ciudad Condal con pancartas instaladas en marquesinas con nocturnidad y alevosía, mensajes de apoyo al Espanyol y otros subidos de tono contra el Barcelona. Y se cocían piques, como el de Pere Milla y Lamine Yamal, el de Manolo González sobre la designación de un árbitro catalán (salió airoso García Verdura), ruido ante la mayor de las encrucijadas en muchísimo tiempo: el retorno de Joan García al RCDE Stadium por primera vez desde aquella tarde de mayo, con la permanencia recién atada y el beso al escudo perico, justo antes de cambiar de acera.
Joan, ni con tapones. Recibió una sonora pitada el ahora portero del Barcelona en cuanto apareció sobre el césped para calentar, se repitió al sonar su nombre por megafonía y se multiplicaron los decibelios cada vez que tocaba el balón. Se enseñaron desde la Grada Canito fotocopias de una rata vestida de azulgrana, cánticos reprobables como el “Queremos la cabeza de Joan”, pero afortunadamente nada ni nadie se salió del guion, que no alcanzó los tintes apocalípticos presagiados por algunos.
La terapia de Robe. Quizá aplacó los ánimos que Joan saliera a calentar mientras por megafonía sonaba La vereda de la puerta de atrás, de Robe, el otro Iniesta aplaudido en Cornellà-El Prat, y que justo anes de reaparecer en el segundo tiempo pusieran el Ama, ama, ama y ensancha el alma. Extremo y duro derbi.
La pesadilla de Roberto. A quien ni siquiera Robe Iniesta detuvo fue al propio guardameta, villano para los pericos y héroe culé de la noche, con sus increíbles apariciones ante Pere Milla, Romero y Roberto (que no Robe), quien habrá soñado con su excompañero. Cuántas veces la pasada temporada fue el mejor jugador del Espanyol, si anoche lo fue del Barça es que algo harían especialmente bien los blanquiazules.
La mejor desde 2011. Por obra y gracia de Manolo, este Espanyol que juega con nueve titulares del curso anterior (más Dolan y un Dmitrovic de nuevo sobresaliente) ni por asomo se parece a aquél. Cree en sí mismo, se deja el alma y planta cara a cualquiera, conectando con su grada como si todos fueran uno. Por ello se dio la quinta mejor entrada de la historia en el RCDE Stadium, la mejor desde 2011. Por vez primera en un sinfín de años, y a pesar del resultado, el Espanyol y su gente no solo sobreviven a un derbi, sino que lo superan envueltos en optimismo, ilusión, esperanza.
Más vale prevenir. Total, que el derbi del retorno de Joan García acabó siendo el derbi de la prevención. Porque hasta los más acreditados tuvieron que atravesar hasta cinco filtros para alcanzar su plaza de aparcamiento, y en el recibimiento previsto al autocar del Espanyol, en el Camí del Rugby, contó con un despliegue de Mossos d’Esquadra sin precedentes, a la altura de la doble valla con la que se intentó sin éxito separar a los aficionados del paso de sus jugadores y cuerpo técnico. Más vale prevenir que curar. Y más vale disfrutar que sufrir.
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