El Madrid no juega, hace jugadas
Hace tiempo que el Madrid no es la coherente suma de sus partes. Es un conjunto disjunto que no destaca en ningún capítulo. Su defensa es nerviosa y vulnerable... y el medio, un cubo de Rubik
Se suceden las preguntas en el Real Madrid, que sigue de cerca el rastro del Barça en la Liga. Un punto de distancia es un empate técnico, pero esa realidad no anima en estos momentos al madridismo, insatisfecho con el rendimiento del equipo. En el mejor de los casos, el Madrid hace jugadas, pero no juega. Frente al Rayo, que le superó con claridad en el segundo tiempo, provocó otro ataque de nervios en la hinchada, que desea animar, pero encuentra más razones para desanimarse. De ahí las quejas.
Recibido con silbidos después de su derrota con el Benfica, alimentada por la mediocre actuación del equipo, el Madrid encontró pronto las mejores condiciones para soltarse. Vinicius marcó un golazo. El Bernabéu se relajó durante algunos momentos y hasta disfrutó del breve ataque de entusiasmo que sufrió el Madrid. Hasta presionó con intensidad y algún rigor, antes de regresar al estado de confusión.
La explosiva acción de Vinicius en el gol fue tan extraordinaria como definitoria del estado del equipo. No lo sostiene el juego. Se agarra a los ocasionales raptos poéticos de sus estrellas, menos de los esperados, en cualquier caso. Hace tiempo que el Madrid no es la coherente suma de sus partes.
Es un conjunto disjunto que no destaca en ningún capítulo. Su defensa es nerviosa y vulnerable. Contra el Rayo sufrió en los últimos 15 minutos del primer tiempo y durante toda la segunda parte, hasta que Pathé Ciss se excedió en la entrada a Ceballos y fue expulsado.
El medio campo es el cubo de Rubik. Se dan vueltas a las piezas, pero finalmente no encajan, no tienen el mismo color. Cada día aumenta el nostálgico recuerdo de Modric y Kroos, brillantes estrategas a los que se unía Casemiro, fantástico medio de cierro, temible en el área contrario y pleno de inteligencia para no interrumpir los planes de los dos maestros.
El Rayo detectó los problemas de construcción y destrucción del Madrid. Se apoderó del medio campo, encontró el trazo del juego y no sufrió defensivamente. Su crecida en el segundo tiempo produjo un incómodo runrún en los graderíos del Bernabéu. El Madrid estaba para pan y sopitas, detenido en la misma estación de los últimos meses. No avanza.
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Arbeloa tiró de un clásico del viejo Real Madrid. No le llegaba con el juego y la idea de orden, el resultado era inquietante y el murmullo crecía. A Vinicius y Mbappé se añadieron Gonzalo, Rodrygo y Brahim. Suele intimidar a los rivales esta apuesta de tambor y trompeta, pero el destino del Rayo no dependió de la profusión de delanteros del Madrid. Se autoinfligió dos heridas gravísimas: la expulsión de Pathé Ciss y el penalti de Mendy, un proyecto de excelente central, en el minuto 96. Los dos se pasaron de gas en sus entradas.
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