Bryan Zaragoza se dirige al destino correcto
Queda atrás la estelar aparición de Bryan Zaragoza en el Granada y sus vaivenes posteriores. En Balaídos comienza a crecer; Ruibal ya lo hizo antes en el Betis...
Otra vez sensación
El Celta es un equipo en el que apetece jugar, con un estilo marcado y siempre alegre, que además le da sonados éxitos. Se cuenta tres victorias consecutivas, la última ante el Rayo Vallecano, para alimentar sus aspiraciones europeas. Hay entrenador y hay jugadores. Bryan Zaragoza (24 años) eligió bien el destino el pasado verano para relanzar su carrera. Después de la irrupción, extraordinaria en su caso cuando explotó en el Granada, toca asentarse y alcanzar la regularidad suficiente. Ese paso no lo había cumplimentado Bryan, al menos hasta ahora, cuando su crecimiento en el Celta comienza a ser más que unos simples brotes verdes. A un inicio de campaña dubitativo, por no ser más severo en los calificativos, le sigue ahora una serie de partidos que hacen pensar que Bryan ha entrado en la edad adulta en el fútbol. No ha perdido el atrevimiento, el sello distintivo de su repertorio, pero lo pone más veces al servicio del equipo y exhibe un compromiso defensivo que antes abandonaba. La soltura, el regate (cuatro completados) y la aceleración de Bryan amargaron al Pacha Espino y allanaron el duelo en el penalti del 2-0. Contra el Valencia y el Sevilla también había correspondido a esa línea ascendente de su juego que le pone en el camino correcto, sin perder un gramo de su espontaneidad. Bryan es un jugador especial.
Un futbolista incalculable
No hay manera de medir el valor de Aitor Ruibal (29 años) para el Betis. Su concurso trasciende a la aritmética. El multiusos de Pellegrini siempre ofrece un rendimiento de notable y se adapta a distintas posiciones, con una implicación absoluta y una energía que tiende a superar a los rivales. La visita del Villarreal exigía al Betis, que completó uno de sus mejores partidos impulsado por el gol de Ruibal, el cuarto de la temporada. Cómo continuó la acción para aprovecharse de una mala defensa del área de los de Marcelino define a un futbolista atento, esforzado y con elevados conceptos futbolísticos. Solo así se explica su polivalencia natural, que le permite manejarse como lateral (86% de las veces este curso) o extremo (14%), incluso como delantero, lo que siempre fue. Desde su sacrificio y unas prestaciones óptimas, Ruibal suma en todo.
La transformación
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Perder equivalía a agravar una situación ya de por sí preocupante. Eso le sucedió al Getafe ante el Valencia, un rival directo que contó con la finura de Gayà. Todavía hay quien se atreve a discutirle. El capitán valencianista debe recibir mejor trato, al igual que también lo merece Bordalás en el Coliseum. Con tan pocos recursos, incluso ahora que los fichajes aparecen al fin —otra cosa es el nivel de los mismos—, el Getafe no deja de competir bajo el método de un entrenador al que no le da miedo inventar en la oscuridad. Mario Martín (21 años), mediocentro de La Fábrica al que en el Madrid se le veía con buenos ojos, se desempeñó como segundo punta ante la falta de alternativas. Su reconversión no se puede dar por fallida. Al contrario, dentro de sus limitaciones, Martín aportó llegada, fuerza y cierto sentido. Fue un finalizador (tres remates), un creador (tres pases clave) y una figura de poder en las disputas (seis duelos ganados de ocho). Ni mucho menos desentonó en un Getafe que jugó para ganar y acabó perdiendo. Es lo que tiene estar en el alambre por la confección de la plantilla.
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