Bendito equilibrio en el Madrid
No le vayan a pedir por ahora brillantez, pero al menos esboza una idea futbolística que habrá que ver si es capaz de sostenerla en el tiempo.
La cautela se ha apoderado del Madrid. No es algo malo, todo lo contrario. Arbeloa se ha decidido por recuperar la bandera de la esperanza a partir del orden y el sentido de equipo. En ese camino, ha flexibilizado las responsabilidades sin el balón de Mbappé y Vinicius, a los que solo les pide replegar y cerrar las líneas de pase en ese 1-4-4-2 en bloque medio-bajo que utiliza. Un traje que le sienta bien al Madrid, autoritario en Lisboa, diametralmente opuesto al que salió trasquilado hace tres semanas ante el mismo adversario. Defender también es un arte, y esa armonía da de comer al ataque.
Contra el Benfica fue un gran plan, a excepción de un inicio dubitativo. El equipo de Mourinho no pudo correr ante un Madrid bien plantado y estrecho, correcto en las ayudas y firme en su área. Sin noticias de Prestianni y Schjelderup, desconectados Rafa Silva y Pavlidis, el Benfica se quedó en muy poca cosa y chocó contra la intensa y dispuesta estructura de Arbeloa, con nombres propios a destacar. Tchouameni acortó las distancias y operó con rigor, Valverde presumió de motor y Camavinga barrió en la izquierda. Trent y Carreras se sintieron seguros. Además, abatido por la exigencia en otros partidos, Huijsen dio la talla y se asemejó al central que se fichó en verano, atento en la anticipación y aseado con la pelota. Si pasaba un examen, que desde algún ángulo se podía entender como definitivo, esta vez no defraudó.
De todos modos, al Madrid le costó entrar en calor. El condenatorio precedente sobrevoló su cabeza. Pero en el momento en el que se ajustó, giró la dirección del encuentro y arrinconó al Benfica con posesiones largas. En ese aspecto, sin que pueda tirar cohetes todavía, también se observa una mejoría con movimientos complementarios de los jugadores e instrucciones tácticas que apelan al criterio.
La coordinación de Camavinga, Carreras y Vinicius es un ejemplo. El francés hace las veces de casi un falso tercer central cuando el lateral coge vuelo; este se intercambia con Vinicius y aparece en el carril interior en determinados momentos. En el otro perfil, Trent, Valverde y Güler también asumen la iniciativa del juego y comparten espacios sin pisarse. El pie del lateral inglés es una solución en sí misma, las rupturas del uruguayo agitan la pauta y la visión y ritmo del turco aportan calidad a la circulación.
Si el Madrid no se fue ya ganando al descanso, tuvo que ver con Mbappé. Raro en él, pero estuvo poco atinado en la definición. No hubo más reproches hacia un Madrid que acabó volcado sobre la portería de Trubin y que rápidamente legitimó su superioridad tras el descanso con un golpe de genio de Vinicius. No era su Champions hasta que lo ha sido. Cuando el brasileño publicita su estatus diferencial, el Madrid tiene mucho trayecto recorrido.
Vinicius puso la guinda a la faena coral de su equipo. El deber colectivo reinó en una noche con elementos de enganche con el optimismo. Un Madrid así, esforzado, sólido y vigoroso, tiene el trazo competitivo suficiente para exigirse lo máximo. El contrato de trabajo que parece haber firmado es el mínimo que mañana puede derivar en objetivos mayores. No le vayan a pedir por ahora brillantez, pero al menos esboza una idea futbolística que habrá que ver si es capaz de sostenerla en el tiempo.
Bloque compacto
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Mbappé y Vinicius acompañan en el balance. Aunque no se comprometan del todo en apretar al contrario, sí que cumplen a nivel de posicionamiento. Entre la zaga y el centro del campo hay poca distancia entre líneas.
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