El porvenir (y pasado) de la ilusión
Una composición del mundo sin atención a nuestro aparato anímico perceptor es una abstracción vacía sin interés práctico alguno". Sigmund Freud escribió hace casi un siglo, en su libro El porvenir de una ilusión, estas palabras tan útiles para el barcelonismo militante de hoy. Aunque el creador del psicoanálisis se refería concretamente a la necesidad primordial del ser humano de creer en la existencia de dioses que le ayuden a calmar su angustia, su enfoque es aplicable al ámbito del fútbol y a este Barcelona en particular. El Barça de los Cuatro Fantásticos.
La RAE define ilusión como "concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o por engaño de los sentidos". Y también "esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo". Este Barça irregular y monocorde ha pasado de aferrarse a Ronaldinho a atarse a la zurda de Messi, después a encomendarse a un renacimiento de Henry y, por fin, a los goles de Etoo. Agotadas estas esperanzas por separado, ahora vuelve el mito de los fantásticos, proyecto tan impalpable como atractivo (sobre todo para los titulares de Prensa). El porvenir de esta ilusión se parece mucho al que tuvo en un pasado no tan lejano. Creer en dioses tranquiliza la conciencia, aunque es menos claro su sentido práctico.