Ni paella ni jamón: este es el plato favorito del chef David de Jorge
El cocinero, también conocido como Robin Food y por ser socio de Martín Berasategui, publica ‘El hombre que susurraba a las morcillas’.
A David de Jorge no le cuesta nada confesar cuál es ese plato que le puede arreglar cualquier día: “La tortilla de patata”. Y lo defiende el cocinero, también conocido como Robin Food, con una convicción absoluta durante una entrevista con AS con motivo de la publicación de su nuevo libro, El hombre que susurraba a las morcillas (Debate): “No hay un plato superior que salga con pocos ingredientes y que el resultado sea tan brillante”.
Cuando se le pregunta por el mejor lugar de España para comer, tampoco duda: “Mi casa”. Y también tiene claro cuál es su restaurante favorito: “El Martín Berasategui”. Y su explicación es puro entusiasmo: “Porque es un templo, porque es el Silicon Valley de la gastronomía, porque Martín tiene 65 años y ahora mismo en esa casa se come como no se ha comido nunca jamás”.
Habla de un equipo brillante, de una exigencia absoluta con productos y productores, y de una cocina que lo vuelve loco: “Hace cocina que se te quedan los labios pegados, que se te queda la boca llena de gelatina de sabor”. Para rematar, lo define sin medias tintas como “el mejor restaurante del mundo mundial”.
Podio de cocineros
En su podio personal de cocineros, incluye a quienes realmente han marcado su vida. El primero es Berasategui, por quien asegura tener “veneración”. También está Pedro Subijana. Y el tercer puesto lo ocupa su madre, fallecida este año con 91 años, de quien habla con mezcla de cariño y humor: “Cocinaba con odio… Hacía diez cosas con odio, porque odiaba cocinar, pero le salían que flipas”.
Sus inicios entre fogones se remontan a la infancia, cuando en casa trabajaba Maripaz, una mujer extremeña que lo marcó profundamente: “Olía a lejía, era una tía increíble y cocinaba increíble”. Reconoce que desde niño se pegó a sus faldas y que aquel contacto temprano lo acompañó para siempre. Además, recuerda que sus padres, tenderos, daban mucha importancia a la comida y al disfrute en la mesa, algo que sembró en él una vocación temprana: “Desde muy niño tuve claro que quería ser cocinero”.
Noticias relacionadas
Y aunque afirma haber comido casi de todo, también deja claro su límite: “Todo el tema insectos y todas esas mierdas…, comerte un grillo, una cucaracha, unos saltamontes…, no me jodas”. Precisamente, en El hombre que susurraba a las morcillas, con su simpatía y espontaneidad habituales, habla de todos esos lugares y platos que recomendaría, de sus viajes, e incluso un poco de sus memorias. Una lectura ideal para los más disfrutones.
¡Tus opiniones importan! Comenta en los artículos y suscríbete gratis a nuestra newsletter y a las alertas informativas en la App o el canal de WhatsApp. ¿Buscas licenciar contenido? Haz clic aquí