Chef Karlos Arguiñano revela uno de sus platos favoritos: “Lo tengo bien sencillo: la cazuela de la abuela”
El cocinero vasco comparte una receta humilde y reconfortante que le transporta a los sabores de su casa.
El famoso chef Karlos Arguiñano lo tiene claro: no es necesario complicarse para disfrutar de un buen plato. El cocinero reivindica una de receta de las de siempre, de esas que huelen a casa y saben todavía mejor. “Pues a mí me gusta la butifarra fresca, me gustan los huevos, me gustan los champiñones, me gusta la salsa de tomate… Lo tengo bien sencillo: con estos cuatro ingredientes, la cazuela de la abuela”, asegura.
La propuesta es tan simple como apetecible: huevos con butifarra al plato, servidos en una cazuela de barro y con esa yema que invita a romperla y mojar el pan sin parar. “Qué bonito recordar aquellos tiempos”, confiesa el chef.
La receta empieza con unos champiñones cortados en cuartos. Se saltean en la sartén con un poco de aceite y una pizca de sal, hasta que estén en su punto. A la vez, pero en otra sartén, se fríe la butifarra fresca de payés, cortada en trozos.
Horno fuerte y yema temblorosa
En tan solo 10 o 12 minutos, los champiñones están listos, y la butifarra dorada y jugosa. Aquí es cuando llega el turno de la salsa de tomate, que es mejor casera, y se mezcla con los champiñones ya salteados y un poquito de perejil picado. Con el horno precalentado a 230 grados es cuando empieza el montaje.
En una cazuelita de barro se echan unas cucharadas generosas de la mezcla de tomate y champiñones. Encima, se colocan varios trozos de butifarra y, coronando el plato un huevo por ración con una pizca de sal gruesa.
Llega el momento de meterlas en el horno, bien caliente, durante otros 10 o 12 minutos. El objetivo es llegar a ese punto perfecto en el que la clara está cuajada y la yema quede “temblorosa”, “como diría el chef Martín Berasategui”, menciona Arguiñano entre risas.
Pasados esos minutos, el resultado es una cazuela humeante, con la butifarra doradita, los champiñones impregnados de tomate y el huevo listo para romper y mezclar todo. Una receta sencilla, económica y resultona que demuestra que la cocida tradicional no pasa de moda.
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