NBA

Rudy Gobert no está para bromas

El pívot francés, tantas veces criticado fue determinante con su defensa para que los Wolves robaran el factor cancha en la altitud de las Rocosas, en Denver.

Ron Chenoy
Redactor Jefe de la sección de Baloncesto
Nació en Haro (La Rioja) en 1978. Se licenció en periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca. En 2006 llegó a AS a través de AS.com. Por entonces el baloncesto, sobre todo la NBA, ya era su gran pasión y pasó a trabajar en esta área en 2014. Poco después se convirtió en jefe de sección y en 2023 pasó a ser redactor jefe.
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Rudy Gobert no cae bien. En general, es así. En el All Star de 2021, cuando en el carrusel de cambios que se han sucedido para revitalizar (casi todos sin suerte) el invento tocó dos capitanes que elegían a pies sus jugadores con retransmisión en directo, cuestión de morbo, los últimos elegidos por LeBron James y Kevin Durant fueron el pívot francés y su compañero de equipos, Donovan Mitchell. “No es nada personal contra esa franquicia, pero ya sabéis, es como en los videojuegos: nunca te cogías a los Jazz”. Un año antes, Gobert fue el indeseable chico del poster del COVID, el primer positivo confirmado (11 de marzo) entre los deportistas profesionales estadounidenses, el que puso en marcha el alud, con la NBA a toda prisa en pole position, de competiciones congeladas, suspendidas o canceladas. Gobert no se había hecho ningún favor unos días antes, cuando bromeó con el virus mientras tocaba, sin saber que acabaría siendo el primer positivo poquito después, las esponjas de los micrófonos ante unos periodistas que no entendieron bien su humor en un momento en el que las noticias ya eran inquietantes en todo el planeta, un mal presagio que se expandía como una sombra que no pedía, precisamente, bromas como aquella.

Además, Gobert se ha creado un aura de malditismo que no le ha ayudado. Su historia es obviamente una de éxito (tres veces all star, cuatro Defensor del Año, más de 300 millones de dólares ya garantizados solo en contratos en la NBA). Pero también de contradicciones: un jugador trascendental en regular season, y en defensa, que ha acabado unas cuantas veces con los minutos bajo cero en eliminatorias de playoffs por sus problemas en ataque, donde sus rudimentos son básicos hasta lo crudo; y por las fatigas que esta era del tiro de tres y los espacios horizontales gigantescos ha provocado en los jugadores de su perfil. Un desastre en la línea de tiros libres, unas manos que parecen untadas en aceite cuando hay que afirmar la posesión y mensajes en redes virales como aquel que decía que jugaba cada ataque “como si fuera la primera vez que tocaba un balón en una cancha”.

Y, para colmo, seis medallas con Francia, incluidas dos platas olímpicas, pero también con unos cuantos tragos amargos, oportunidades perdidas (como aquel Francia-España de 2015, el partido de los partidos de Pau Gasol) y pasos en falso: en París 2024, cita olímpica y en casa, Francia fue un equipo mortecino con él y rugió hasta la plata, haciendo sudar al Team USA en la final, con sus minutos reducidos a la mínima expresión y quintetos más elásticos e intercambiables.

Máxima presión en los Wolves

En julio de 2022, Gobert fue traspasado a Minnesota Timberwolves con precio de súper estrella: los Jazz recibieron a Malik Beasley, Patrick Beverley, Jarred Vanderbilt, Leandro Bolmaro, el pick 22 del anterior draft (Walker Kessler) y otras cuatro primeras rondas. Tres sin protecciones (2023, 2025 y 2027) y la de 2029 con muro en el top 5. Desde entonces, ha cumplido con su parte: sus métricas defensivas han sido excelentes (es uno de los reyes de las analytics en todo lo que sucede alrededor del aro), ha ganado con los Wolves su cuarto premio de Defensor del Año (como Dikembe Mutombo y Ben Wallace: nadie tiene más) y el equipo ha jugado dos finales de la Conferencia Oeste, la segunda y la tercera de su poco ilustre historia.

Pero, claro, los problemas en ataque han seguido siendo igual de groseros, el equipo ha empezado a dar vueltas a cómo ir más allá de la penúltima ronda y cómo ser sostenibles en una era en la que el convenio colectivo no da tregua; y la última extensión de Gobert amenazaba, el pasado verano, con ser ya una losa: tres años y 110 millones de dólares acordados en otoño de 2024: 36,5 millones garantizados la próxima temporada, player option de 38 en la 2027-28. Una de las razones del traspaso de Karl-Anthony Towns fue esa. Así que este era el año de las dudas, en el que le podían pesar los 33 ya camino de 34, una edad peligrosa sobre todo en jugadores tan grandes (2,16, 2,36 de envergadura). En el que los cuentakilómetros del pívot y Mike Conley podían generar sensación de unos van y otros vienen en contraste con la crecida hacia el megaestrellato de Anthony Edwards. En lugar del all in, otro cruce de caminos.

Pero es justo que, incluso los que hemos sido muchas veces críticos con su estilo y sus limitaciones, reconozcamos que Gobert ha vuelto a firmar una gran temporada. Que seguramente merecía más que la cuarta posición en la carrera por ser Defensor del Año: ningún voto en el primer puesto (Victor Wembanyama se llevó todos por primera vez en la historia), solo cuatro en el segundo, 29 en el tercero y 67 papeletas sin su nombre.

El asunto de los premios, en todo caso, es tan azaroso que Evan Mobley, Mejor Defensor de 2025 en gran parte por los coágulos que frenaron a Wemby, no tuvo ni un voto esta temporada. Los tuvo, claro, cuando tenía que tenerlos: el premio del año pasado subió su extensión de contrato con los Cavs a un total de 269 millones por cinco años, 44,8 más de lo que había firmado de base (224,2). Gobert, está vez con mucho menos reconocimiento, ha vuelto a ser el alma en defensa de un equipo que se transforma sin él en pista y que pesca posibles clones, si los planes salen bien, para ir pensando en un futuro sin un jugador que resta en algunos apartados… pero suma de forma dramática en otros. Joan Beringer, siete pies también francés de 19 años, fue pick 17 del pasado draft; Rocco Zikarsky, australiano de 2,21 y 19 años, llegó desde la segunda ronda de 2025.

Los Wolves, un equipo con una facilidad pasmosa para perder la identidad y encontrarla de nuevo, a veces en varias ocasiones en el mismo partido, acabaron sextos del Oeste, carcomidos por sus limitaciones pero lanzados por su potencial. Y su físico. El año pasado desde esa posición arrollaron, sin factor cancha, a unos Lakers que pendían de un hilo aunque nadie lo sabía hasta que pisaron los playoffs.

Esta vez, el cruce -también con la ventaja de pista en contra- es contra unos Nuggets en formato todo o nada, que no han vuelto a unas Finales desde su título en 2023 porque, entre otras cosas, cedieron su corona en 2024 en una serie a siete partidos, tremenda, contra unos Timberwolves construidos en formato montaña para, sobre todo, mezclar bien en ese duelo específico. Su arquitecto, ahora uno de los ejecutivos más valorados de la NBA, había puesto también los cimientos de esos Nuggets después campeones: Tim Connelly.

En esa idea, Gobert es instrumental porque su emparejamiento directo es una de las fuerzas ofensivas más sofisticadas de la historia de la NBA, Nikola Jokic. El primer jugador que ha sido Máximo Reboteador y Máximo Asistente en la misma temporada. De hecho, nadie había logrado ambas cosas en momentos distintos de su carrera.

En el segundo partido de la eliminatoria, seguramente la mejor de toda la primera ronda, en el que los Wolves robaron el factor cancha y la inercia emocional, quedó claro cómo de importante es la capacidad de Gobert para, aunque con muchísimo sufrimiento y no saliendo siempre en el lado bueno de la foto, defender en uno contra uno a Jokic, contener lo suficiente a un jugador que desencuaderna las protecciones rivales cuando le lanzan marcajes dobles y triples: su visión de juego, una de las más portentosas de la historia del baloncesto, pone a todo su equipo a echar chispas. Con otro especialista defensivo de enorme capacidad física, el alero Jaden McDaniels, los Wolves colapsaron el juego en dos contra dos de Jokic y su Robin, Jamal Murray, una de las combinaciones a priori (casi) imposibles de parar en la NBA.

Un factor clave en un día clave

Y los Nuggets hicieron crack en el último cuarto. En ese segundo partido, Jokic firmó un 1/8 en ataques directos contra Gobert, que navegó entre problemas de faltas pero tuvo incidencia cuando había que tenerla, en la parte final de una colisión que los Wolves comenzaron del revés y acabaron muy del derecho. Fue -por ahora- la mejor actuación individual por rating defensivo de cualquier jugador en los playoffs. Y en lo que va de serie tiene al serbio, ese jugador que para muchos es trampa, en un 6/17 total y muy mundano en tiros. Y 5 pérdidas.

Jokic no va a dejar de ser el Joker, el gran comodín, y desde luego queda mucha eliminatoria. Pero Gobert ha dejado claro que, esta vez, no está para bromas. Todos los Nuggets se quedaron en solo 14 puntos en las acciones que él protegió: forzó doce tiros fallados. E, insisto, lo hizo todo sin necesitar ayudas. En el último cuarto, gracias a eso, entre Murray y Jokic firmaron un 2/12 en tiros. Es, al fin y al cabo, la especialidad de la casa: de los 31 jugadores que esta temporada han defendido al menos 200 jugadas de uno contra uno, un baile en una isla con el atacante, Gobert ha sido el más eficaz de la liga: esas acciones han valido solo, de media, 0,77 puntos.

El respeto... y la alimentación

Por eso Chris Finch, su entrenador, aseguró que era una broma pesada que su pívot no estuviera ni entre los tres finalistas a Mejor Defensor. Él se lo tomó con un poco de filosofía… y un toque de pimienta: “Esto no me da un extra de motivación, no voy a dejar de ser yo mismo. Ni es la primera vez que me faltan al respeto ni va a ser la última. Si quieres menospreciar mi grandeza, o dar por sentado que estas son las cosas que tengo que hacer o cualquier cosa así, perfecto. Tarde o temprano se darán cuenta del impacto que tengo en el juego”.

Anthony Edwards, una de las nuevas caras jóvenes de la NBA y su compañero de vestuario, le echó un buen cable: “Cuando él se sienta a descansar, somos la mitad de equipo que con él en pista. Todo el mundo tiene que opinar, que si es esto o lo otro. No se dan cuenta de lo que significa para nosotros. Nadie quiere intentar una bandeja cuando él está por ahí, no quieren penetrar y encontrarse con él. Me da igual lo que digan de su juego de ataque, es un cuatro veces Defensor del Año, y lo necesitamos siempre”.

Ant le dejó claro a Gobert que no habría respiro para él en ese transcendental segundo partido si querían salir de las Rocosas con el valiosísimo 1-1 que de hecho rascaron: “Le dije que no íbamos a hacer ayudas ni a enviar dobles marcajes. Que tenía que encargarse solo de Jokic y que no podía hacer tantas faltas”. Y el serbio no tuvo problemas en reconocer que es muy complicado jugar contra el francés de brazos inacabables: “Me está obligando a jugarme tiros muy difíciles. Es muy grande, muy largo, puede llegar a la bola desde cualquier ángulo, de verdad que es un jugadorazo en defensa”.

Gobert tiene (33 por 31) dos años más que Jokic, pero está dando una lección en cuanto a preparación física precisamente contra un jugador que no está para nada en un punto de forma óptimo y que sufre horrores, en gran parte por eso, en defensa. En la temporada ha jugado 31,3 minutos de media y 2.379 totales. Jokic, 34,8 y 2.262. Gobert ha completado 76 partidos, todos menos seis, y lleva cuatro temporadas sin bajar de 70. Una disponibilidad excepcional, y más en los tiempos que corren, que parte del mimo que pone en cuidar sus hábitos.

Tiene un chef personal en su casa, no bebe y consume real food, alimentos naturales sin un solo ultraprocesado: “Lo que comes impacta mucho en el corto plazo, pero sobre todo en el largo. Muchas lesiones, las cosas que le pasan al cuerpo, tienen que ver con inflamaciones. Lo que comes o te va a sanar o te va a matar lentamente. No hay término medio. Si comes cosas que te nutren y evitan esas inflamaciones, das la oportunidad de que todo tu cuerpo se recupere mejor: tus articulaciones, tus músculos, tus tendones, todas tus células. Te recuperas mejor. Y así alargas tu carrera y tu vida”.

Eso lo dijo en un reportaje para Andscape en el que confiesa que cuando era un júnior en el Cholet ya apostó por tener su propio nutricionista después de sufrir una fea lesión de tobillo: “Era en el inicio de mi carrera pero ya era algo muy importante para como jubaga. Era muy delgado y tuve que trabajar mucho para coger peso, músculo. Incluso antes del draft de la NBA. Así que también tenía una cocinera que venía a mi casa. Le pagaba mil dólares al mes. Era una buena parte de mi salario entonces, pero fue la mejor inversión. Me interesó mucho la nutrición y seguí aprendiendo”.

Ahora combina terapista modernas y tradicionales, y se evita cualquier capricho con la comida menos algún postre, muy de vez en cuando: “En América es mucho más duro y tiene mucho que ver tu salario. La comida rápida es más barata que la real food, así que mucha gente ni puede elegir. Pero también hay una parte de educación: sí se puede elegir beber un refresco o un vaso de agua. Hay que tener curiosidad, interesarse por lo que se mete en el cuerpo porque impacta en todas las facetas de la vida. Y es que además hay cosas que están muy ricas, hay gente que cree que no puedes disfrutar si comes sano. Se creen que ser sano va de tomar un millón de suplementos, pero es solo algo cultural. Saber qué tomas tú y qué tus hijos, especialmente en sus tres primeros años de vida. Eso afecta a su cerebro, su sistema inmunológico, su comportamiento”.

Por si a alguien le interesa, Rudy Gobert desayuna huevos con aguacate y zumos naturales de zanahoria, jengibre, especias… no come cerdo, y carne roja solo si es de animales criados de forma responsable y alimentados con piensos naturales. En los días de partido hace la previa con pescado y pasta integral, y no bebe ni una gota de alcohol: “Lo dejé hace un año. Es algo espiritual, me planteo retos. Y estoy más feliz de lo que he estado nunca. Como muy pocos snacks, es cuestión de disciplina. Afecta a cómo duermes, cómo piensas, cómo haces las cosas, al sistema inmunológico… a todo”.

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Y también, ahora, a su trabajo, que en estos días pasa por poner su cuerpo un mínimo de cinco veces (serán más: difícilmente se cerrará la serie en 4-1 o 1-4) como muro de contención de uno de los jugadores con más recursos ofensivos de la historia. El Joker contra un pívot maldito, demasiadas veces con aura de perdedor pero que ahora ha dejado claro que no está para bromas.

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