NBA | Hornets 109-Blazers 93

El equipo del fin del mundo

Los Hornets, hasta ahora una crisis casi perpetua en el Este, están a punto de entrar en balance positivo en lo que parece el inicio de algo bonito de verdad.

Trevor Ruszkowski
Redactor Jefe de la sección de Baloncesto
Nació en Haro (La Rioja) en 1978. Se licenció en periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca. En 2006 llegó a AS a través de AS.com. Por entonces el baloncesto, sobre todo la NBA, ya era su gran pasión y pasó a trabajar en esta área en 2014. Poco después se convirtió en jefe de sección y en 2023 pasó a ser redactor jefe.
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Era más que un duelo de novenos de Conferencia, pero también era un duelo de novenos de Conferencia y el del Este, Charlotte Hornets, ganó (109-93) al del Oeste, Portland Trail Blazers y se colocó, de paso, con mejor balance: 30-31 por 29-32. Pero la historia estaba en el bando local, en lo que se está cociendo en Carolina del Norte, cada vez menos un secreto en la NBA: los Hornets son un equipo muy joven y son, ya definitivamente, un bueno equipo ahora… y la promesa de algo que puede ser muy bonito a partir de este instante, con este verano como punto y seguido.

Se van a cumplir dos años desde que los despachos quedaron en manos de Jeff Peterson, que venía de las oficinas de Brooklyn Nets y que en una de sus primeras decisiones fichó como entrenador a Charlee Lee, un técnico joven (ahora 41 años) que ascendía a zancadas en el organigrama de los Celtics. Ahora, casi en primavera de 2026, las dos cosas parecen un enorme acierto: el fichaje de Peterson y la confianza de este en Lee. La cosa no termina ahí. Desde luego, y este partido fue un recordatorio porque estaban ambos en pista, los Hornets acertaron cuando en 2023, tras quedarse con la miel de Wembanyama en los labios (les tocó elegir con el 2 en ese draft) optaron por Brandon Miller y no por Scoot Henderson. Este año tampoco les tocó el otro premio gordo de esta generación, Cooper Flagg. Pero con el 4 se quedaron con un Kon Knueppel (compañero de Flagg en Duke) que muchos expertos ranqueaban un poco más atrás. Y, o desde luego eso parece, también dieron en el clavo. Así, poco a poco, se van cambiando las tornas, las narrativas. Así se construyen equipos ganadores: buenos.

Los Hornets llevaban tres años sin superar el 33% de victorias, no habían ganado dos loterías de las que cambian la vida (2023 y 2025) y empezaron este curso con un triste 4-14 que llegó a ser 16-28. Parecían uno de esos equipos del fin del mundo. De lo que nunca hacen nada bien; tacaños con el gasto, errados en la toma de decisiones, enclaustrados en mercados que apenas atraen a grandes jugadores e incapaces de generarlos ellos en una cultura revoltosa y, en el mejor caso, cambiante. Así fue durante muchos años. Pocas expectativas, realidad gris. Pero eso está cambiando, por fin, ante nuestros ojos. Con noches de uniformes retro (uno de los más bonitos de la NBA) y de ambiente también a la antigua en el Spectrum Center. Como en los buenos tiempos. Carolina del Norte, no lo olvidemos, es tierra de baloncesto.

Contra unos Blazers sin Deni Avdija y en los que para algunos, y pensando en el que equipo que vendrá y no en el que juega ahora, apilan demasiados minutos veteranos como Jrue Holiday y Jerami Grant (más de 30 millones al año aparcados en un rincón de la NBA), los Hornets sumaron su cuarta victoria seguida y se pusieron a un partido de llegar al 50%. Ascienden en el Este e incluso miran al sexto puesto, el que escapa de la repesca del play in y que está ahora a cuatro de distancia (muchos, pero…). Otra vez ganaron bien, después de apretar de salida (29-17, primer cuarto), meterse en una pelea farragosa en el tramo central (74-67 al final del tercero) y escapar en el último parcial como hacen los equipos buenos, con poso: 35-26 en el último cuarto con los Blazers secos (2/12 en triples).

En 2026, los Hornets (sin más alteración en su sistema nervioso y sus resultados que la pelea contra los Pistons y las sanciones que siguieron) apilan un brillante 18-9 con, ojo, el mejor ataque de la NBA por rating (121,8), la quinta mejor defensa (110,7) y la mejor diferencia (+11,1 de net rating). Es un equipo que rebotea muy bien, defiende con inteligencia, comunicación e implicación colectiva y ataca con brillantez. Ahora mismo, además, ve el aro como una piscina: en sus tres victorias anteriores a este partido igualaron el tope de la NBA en número de triples en tres partidos seguidos (72). Contra los Blazers, firmaron un 16/42 por el 11/47 de su rival.

Y, esto es lo más importante y lo que ya sabe toda la Liga (el que no, es que no quiere ver ni escuchar), están a un nivel excepcional cuando juega el quinteto LaMelo Ball-Kon Knueppel-Brandon Miller-Miles Bridges-Moussa Diabate: 18-2 en los 20 partidos en los que esos cinco han sido los titulares. La muestra ya es lo suficientemente generosa como para que se pueda tener claro que no es casual, que ahí hay algo.

LaMelo (esta vez 15 puntos y 8 asistencias) ha encontrado un equipo que juega a su ritmo, en el que lucen unas virtudes a las que acompaña el mejor momento físico de su carrera, por durabilidad y potencia en el tren inferior. Tiene todavía 24 años. Miller (26 puntos, 6/12 en triples, 8 rebotes) tiene 23 y está tirando mejor que nunca, ascendiendo al rango de anotador de primera categoría; Diabate (pívot multiusos) tiene 24 y su suplente, Ryan Kalbrenner, otros 24, una reconstrucción ideal en la rotación interior tras los frustrantes intentos con Mark Williams y Nick Richards. Y Kon Knueppel, la nueva joya de la corona, tiene 20, ha batido el récord de triples de un rookie, puede ser el sexto jugador de la historia que supera los 300 en una temporada (Klay Thompson, Malik Beasley, Anthony Edwards, James Harden… y seis veces Stephen Curry) y ofrece unos medidores que obligan a pensar en un futuro de oro: solo Curry (dos veces) y Duncan Robinson han firmado un 44% en triples con al menos ocho lanzados por partido y solo el de los Warriors en 2016 combinó ese dato con un 55% en tiros de dos con al menso cinco lanzados. Knueppel marcha en ese asombroso ritmo en su primera temporada en la NBA.

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En el cierre de mercado invernal, otro acierto, los Hornets apostaron por su nuevo núcleo duro, entendieron que había suficientes motivos para el optimismo, y ficharon más puntos para la segunda unidad con Coby White (26 años), que fue además estrella con los Tar Heels de North Carolina, a poco más de dos horas en coche de Charlotte. El escolta debutó ante su nuevo/viejo público con 20 puntos en 21 minutos. Otra buena noticia en un equipo que ahora, y por primera vez en mucho tiempo, las colecciona. Que quiere estar en los próximos playoffs y convertirse en un equipo a tener en cuenta en el Este de los próximos años. Por primera vez en mucho tiempo, no es un brindis al sol ni una cábala imposible. Lo tiene en la mano.

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