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Así funciona el impuesto de lujo en la NBA: cuánto se paga, en qué casos ocurre y dónde va ese dinero

La NBA base su equilibrio competitivo en un techo salarial que, sin embargo, es blando; permite excepciones y establece multas para los que van demasiado lejos.

MICHAEL OWENS | AFP
Nació en Haro (La Rioja) en 1978. Se licenció en periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca. En 2006 llegó a AS a través de AS.com. Por entonces el baloncesto, sobre todo la NBA, ya era su gran pasión y pasó a trabajar en esta área en 2014. Poco después se convirtió en jefe de sección y en 2023 pasó a ser redactor jefe.
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La NBA basa su aplicación competitiva, la formación de los equipos y el reparto de talento, en un sistema que intenta generar equilibrio y que, a grandes rasgos, funciona: en las últimas siete temporadas ha habido siete campeones distintos, algo que además no había pasado nunca en toda la historia de la competición. En principio, todos los equipos tienen la misma capacidad de gasto en cada temporada, una cifra que marca el tope salarial (salary cap) pero que tiene agujeros legales creados para permitir ciertas maniobras a los equipos en un mercado que así, en teoría, ayuda también a los jugadores a mejorar sus condiciones salariales.

Es un sistema blando (soft cap) en el que un elemento clave de control es el impuesto de lujo, un luxury tax que se podría definir así: el castigo económico aplicado a los equipos que superan una cantidad (tax line o línea del impuesto) que se sitúa por encima del salary cap (el tope salarial) de una determinada temporada. Ese castigo va, gracias a las evoluciones que ha ido experimentando el concepto y su aplicación práctica, creciendo cuánto mayor es la cantidad por la que se supera esa frontera. Las cifras, además, se han ido volviendo más punitivas para mantener vigente su efecto. Se trata de controlar a quienes pretender gastar más de la cuenta y crear así una deformación en el equilibrio competitivo.

Si la llegada de nuevos propietarios, más ricos y ambiciosos, y la mayor riqueza que generan las franquicias, con nuevas formas de explotación de su marca y recursos, hizo que (algunos, al menos) perdieran el miedo al impuesto, la NBA fue subiendo el castigo y, en un paso muy drástico, añadió en el último convenio colectivo un nuevo concepto, los aprons. Unos límites (dos, primero y segundo) que añaden, para quienes los superan, castigos deportivos de primera magnitud que se suman a las penalizaciones económicas: ya no es solo si los propietarios quieren o no rascarse el bolsillo y pagar la fiesta, ahora los ejecutivos de la parcela deportiva se pueden ver atados de pies y manos a la hora de operar para construir el equipo.

Vivimos en la NBA de los aprons

El nuevo convenio colectivo de la NBA introdujo unos castigos revolucionarios para los que gastan demasiado

Es lo más parecido que ha estado la NBA a un techo duro de gasto (hard cap) como el que tiene la NFL: un límite de inversión en plantilla que no se puede superar de ninguna manera. En el baloncesto profesional, los equipos pueden quedar con techo duro de forma individual, con cantidades que no pueden superar de ninguna manera, si realizan ciertas operaciones y activas ciertos criterios con sus contratos y traspasos. Pero, como norma, existe un techo blando (soft cap), flexible, que genera y permite diversas excepciones para dejar atrás el salary cap en la construcción de la plantilla, sobre todo con el fin de mantener a los propios jugadores y desincentivar que estos cambien de equipo. Con ellas, el reverso de la moneda, aparecen los castigos para los que van demasiado lejos.

Franjas cada vez más exigentes

Esos castigos que impone el impuesto de lujo se establecen según franjas de gasto y tienen un nivel superior, el del repetidor en pago de impuesto: los equipos que superan el límite en tres de las últimas cuatro temporadas incluida la vigente, pasan a pagar cantidades todavía más altas que las del resto de los que entran en la zona de multas. El último convenio no solo introdujo los aprons sino que también actualizó los castigos económicos del impuesto de lujo para volverlo todavía más temible. Una puesta al día drástica de una fórmula creada en 2002 y que se ha usado desde entonces con la excepción de la temporada 2004-05, en la que no se aplicó porque no hubo los suficientes ingresos en el BRI (basketball related income), lo que generan los partidos de baloncesto y la cifra a partir de la que se calculan el techo salarial de la temporada siguiente y los salarios de los jugadores, que desde hacen años, y vía convenio, se reparten en torno al 50% de ese BRI con las franquicias.

El límite del impuesto de lujo se establece cada temporada en el 121,5% del tope salarial (salary cap). La pasada, por ejemplo, el cap (lo que en teoría puede gastar cada franquicia en salarios para ese curso) fue de 140,5 millones de dólares, así que el tax line, la línea del impuesto, se fijó en 170,8 millones. Las cantidades se aplican en el cierre de la temporada, con las cifras finales de inversión de cada equipo, ya que los números de estos van cambiando (traspasos, cortes, altas…) a lo largo de los meses de competición.

En la temporada 2023-24, los rangos de gasto (para ir subiendo el castigo del impuesto) se establecieron en franjas de cinco millones de dólares por encima del cap (cada cinco por encima abría un nuevo nivel de multa): el primero era hasta cinco, el segundo hasta diez, y así sucesivamente. A partir de la campaña pasada, esas franjas no son fijas y aumentan de forma dinámica con la subida del salary cap. Si este subió un 3,36% entre la 2023-24 y la 2024-25, las escalas de niveles de multa también crecieron en esa misma ratio (3,36%): en vez de cinco millones, 5,168.

Así se aplicaron la temporada pasada los castigos:

  • Entre un dólar y 5,168 millones, 1,50 dólares por cada dólar de más con un máximo de 12,920 millones
  • Entre 5,168 y 10,336 millones, 1,75 dólares por dólar con 9,044 millones de tope de multa
  • Entre 10,336 y 15,504, 2,50 dólares por dólar y máximo de 12,920 millones
  • Entre 15,540 y 20,672 millones, 3,25 dólares por dólar y máximo de 16,796 millones

Por cada bloque extra de 5,168 millones que fuera más allá de 25,840 millones, el extra subía 0,50 dólares por dólar de más. Así, entre 20,672 y 25,840 fue de 3,75, y entre 25,840 y 31,008, de 4,25. Y así sucesivamente. Además, el castigo extra para repetidores (los que han superado el límite en tres de las cuatro temporadas anteriores, entre 2021 y 2024) se aplicó así:

  • Entre un dólar y 5,168 millones, 2,50 dólares por cada dólar de más con un máximo de 7,752 millones
  • Entre 5,168 y 10,336 millones, 2,75 dólares por dólar con 14,212 millones de tope de multa
  • Entre 10,336 y 15,504, 3,50 dólares por dólar y máximo de 18,088 millones
  • Entre 15,540 y 20,672 millones, 4,25 dólares por dólar y máximo de 21,964 millones

De nuevo, y como en el impuesto básico, cada franja a partir de ahí generó una subida de 0,50 dólares por cada dólar extra. Así que en el quinto nivel fue 4,75 dólares, en el sexto 5,25… Esto, el pasado curso. Para el próximo, la temporada 2025-26, llegan los castigos todavía más duros aprobados en un convenio colectivo extremadamente feroz con los aficionados a gastar de más. Eso sí, en los dos primeros niveles se bajará la cantidad (un dólar y 1,25, respectivamente por cada dólar extra) para permitir cierta maniobrabilidad. En el tercero, ahí ya sí, salta a 3,50 y en el cuarto a 4,75. Estos cuatro, en el nivel de repetidor, estarán además en 3, 3,25, 5,50 y 6,75. A partir del cuarto se volverá al crecimiento de 0,50 dólares por dólar en cada franja que se alcance por exceso. Un cambio importante, que aligera los niveles bajo y sube mucho los siguientes para asustar a los que van demasiado lejos sin impedir que la NBA siga teniendo, en la práctica, ese techo blando con el que operan las franquicias y del que también se benefician los jugadores.

El dinero, para la NBA... y los que no pagan

Cuando termina la temporada, se establece qué equipos tienen que pagar y cuánto. La cantidad total se divide en dos partes, al 50%. Una va para la propia NBA, se usa para “cuestiones de la liga”, y la otra se distribuye en partes iguales entre los equipos que han terminado por debajo de la línea del impuesto. Una forma de premiar a los ahorradores. La NBA usa su parte según su discreción y dentro de un abanico de acciones que incluye redirigirla también hacia las propias franquicias. Además, el convenio tiene otro asterisco: ese reparto al 50% no está garantizado y depende del de una NBA que puede decidir quedarse con el 100% si las circunstancias hacen que le parezca la mejor opción.

Entre 2002 y 2013, la primera versión del impuesto de lujo, los equipos pagaban un dólar por cada dólar de exceso con respecto al salary cap. En 2013 se estableció que las multas fueran mayores cuanto más se superaba el techo y los repetidores empezaron a pagar otro dólar extra por cada dólar. En 2014-15, se determinó que para ser repetidor había que haber estado por encima del impuesto los tres años anteriores; y a partir de 2015 se fijó que se entrara al superarlo en tres de los cuatro anteriores. El último convenio colectivo, aprobado en 2023 y con validez en el franja 2023-2030, centró su filosofía en el control de situaciones que se empezaban a ver como exageradas, y por eso se subieron las multas y se introdujeron los aprons, primero y segundo.

Se señaló como ejemplos de manual a Warriors, la dorada dinastía de la Bahía de San Francisco que había encontrando la fórmula de la Coca-Cola a base de gastar mucho para ingresar más y así poder gastar más para ingresar todavía más (y así sin parar); y a Clippers, que no tuvieron nada parecido al éxito deportivo de sus vecinos californianos pero se dedicaron a intentarlo a base de gastar sin control gracias a que su propietario es Steve Ballmer, cofundador de Microsoft y uno de los hombres más ricos del planeta.

Entre los dos, gastaron en el período 2020-2024 más de 950 millones solo en impuesto de lujos y las correspondientes multas: 579 y 371. En la temporada 2023-24 en la que se empezó a probar el nuevo convenio, ocho equipos acabaron por encima del impuesto de lujo. El cuarto que más invirtió, Boston Celtics, fue el campeón, el único que pudo refutar aquello de que el dinero no da la felicidad. Los otros siete, Warriors, Clippers, Suns, Bucks, Nuggets, Heat y Lakers, vivieron cursos entre complicados y nefastos. Los que más gastaron fueron Warriors, Clippers y Suns. Los primeros no jugaron playoffs, los otros dos fueron ventilados sin mucho miramiento (8-2 total) en primera ronda por los equipos que después jugaron la final del Oeste, Mavericks y Timberwolves. El caso de los Suns es todavía más sangrante: en la temporada 2024-25, la pasada, se fueron a 366 millones (214 en salarios, 152,2 en multas), uno de los equipos más caros de la historia, y ni siquiera jugaron playoffs.

Diez equipos pagaron impuesto el pasado curso: Suns (152,2 millones, 366,6 de gasto total en plantilla), Timberwolves (90,4 y 202,3), Lakers (53,4 y 188,2), Celtics (52,5 y 193), Knicks (38 y 188,8), Bucks (29,3 y 181,7), Nuggets (20,3 y 182,5), Warriors (15,4 y 176,8), Mavericks (5,1 y 174,2) y Heat (4,1 y 173,5). Veinte no pagaron, y por primera vez en la historia dos equipos fuera del impuesto (desde que este existe, claro) llegaron a las Finales: 26 de los 44 finalistas anteriores habían sido pagadores y también 16 de los 22 campeones desde este ajuste en el convenio para controlar el gasto en plantilla. Los Thunder eran el vigésimo cuarto (de 30) en gasto en plantilla (166,5 millones) y los Pacers, el decimoctavo (169,3). Los de OKC ya están en la corta lista de campeones fuera del impuesto. Además, y como curiosidad, hay dos equipos que no han pagado impuesto de lujo jamás, ni un solo dólar: New Orleans Pelicans y Charlotte Hornets.

La nueva realidad de los aprons

Estas diferencias de filosofía y gasto, y esa condición de liga con techo blando de la NBA, hace que haya tantas diferencias entre los gastos de unos equipos y otros a pesar de la existencia de un cap común. La pasada, la fluctuación fue de los 366,6 millones totales (multas incluidas) de los Suns a los 141,6 de los Pistons. Curiosamente, los primeros fueron una de las mayores decepciones de la historia y los de la MoTown protagonizaron una temporada muy bonita en la que regresaron a los playoffs y se situaron de nuevo entre los equipos competitivos del Este. Para esa pasada temporada, los números eran estos: 140,5 millones de salary cap, 170,8 de tax line (límite para el impuesto de lujo), 178,1 millones como marca del primer apron y 188,9 para el segundo. De cara a la próxima 2025-26, el cap sube a 154,6 milones, la línea de impuesto a 187,8 con el primer apron en 195,5 millones y el segundo en 207,8.

Ahora, y como ya se ha repetido varias veces, los aprons establecen un nuevo mundo que está teniendo ya un efecto formidable en cómo operan y gastan las franquicias: las consecuencias ya no son solo económicas, pendientes de que Ballmer o el multimillonario de turno grite a las oficinas que tienen barra libre. Ahora, los aprons traen consecuencias deportivas. Algunas verdaderas graves. Y eso marca un nuevo tipo de línea roja. Entre eso y un impuesto cada vez más salvaje, hemos visto situaciones como la reconfiguración de los Celtics, el citado campeón de 2024 que se hubiera asomado, sin medidas nada fáciles de tomar en lo deportivo (han salido Kristaps Porzingis, Jrue Holiday, Luke Kornet...), a una factura en plantilla cercana a los 500 millones de dólares en una sola temporada.

Los aprons, esos límites más allá del límite del impuesto de lujo, han evolucionado desde la aparición, con el convenio de 2011, de un techo simple, un apron básico que marcaba el punto de no retorno, lo que se podía ir más allá del impuesto de lujo sin recibir penalizaciones adicionales y otros castigos mucho menores, claro, que lo que ahora se ha establecido. Hasta 2023, y como ya se ha explicado, los equipos que iban más allá de ese límite pagaban más por cada dólar de exceso y se evolucionó hacia el sistema de brackets con más cargos cuanto mayor era ese exceso y penalizaciones para los repetidores. En lo deportivo, perdían el acceso a la midlevel exception completa, una de las armas más valiosas para construir las plantillas; un contrato de rango medio con el que se puede operar al margen del cap. Para la pasada temporada, el disponible para quienes no pagan impuestos llegó a 12,8 millones. El de los que los pagaron pero no lo habían perdido del todo (taxpayer midlevel) a 7,9 millones.

Con el nuevo convenio, los equipos que superen el primer apron están, además, limitados a igualar en los traspasos el dinero que envíen en salarios (no pueden recibir más). Los equipos por debajo de esa línea pueden ir al 125%, así que siguen pudiendo recibir más dinero del que envían en salarios en un traspaso de jugadores. Además, quien esté en el primer apron no pueden firmar a un jugador cortado durante la fase regular si su salario al empezar el curso era mayor que la midlevel exception. Es decir, no tienen acceso a buyouts de los jugadores importantes (por sueldo, al menos).

El segundo apron es absolutamente draconiano, y su introducción se ha ido haciendo de forma progresiva (será completa a partir de ahora) para no penalizar al marco laboral y contractual que se había construido con el anterior set de normas, previo al nuevo convenio. Desde que la NBA entró oficialmente en la temporada 2024-25, los equipos que pasan el segundo apron pierden todo acceso a las midlevel, también a la de pagador de impuesto. No solo tienen también el límite de dinero que recibir en salarios en el 100% de lo que envían, además no pueden incluir varios jugadores para cuadrar esas cuentas salariales que permiten las operaciones de movimiento de jugadores. Tampoco pueden usar trade exceptions de años anteriores ni enviar dinero en metálico para redondear o confirmar traspasos.

En otra de las normas más peligrosas para los equipos, una de la que más preocupa desde ya a los ejecutivos, los equipos que superen el second apron no podrán traspasar su primera ronda del séptimo año a partir del presente, la última que por normativa actual se puede incluir en operaciones. Muchas veces disponer o no de una primera más es lo que permite o tira por tierra un traspaso y es, desde luego, lo que pone a unos equipos por delante de otros en la puja por un jugador, sobre todo cuando hay estrellas en juego. Por ejemplo: los equipos que acabaron la temporada 2024-25 por encima del segundo apron (Celtics, Suns, Timberwolves), vieron cómo se congela su primera ronda de 2032. No podrá ser traspasada ni en ese momento ni durante el tramo de deshielo en el que la franquicia avance hacia la zona buena del second apron. Para rematar, si el equipo vuelve a estar por encima del segundo apron en dos de las siguientes cuatro temporadas, esa primera ronda no solo no podrá ser traspasada sino que será enviada directamente al final de la primera ronda (será pick 30).

Este es un resumen de esta nueva situación en los apron primero y segundo. Para los que superan el primero pero no el segundo:

  • No puede adquirir jugadores a través de la fórmula sign and trade
  • No puede usar trade exceptions que ya tenía de movimiento anteriores
  • No puede recibir más dinero del que envía en los traspasos
  • No puede firmar jugadores libres vía buyout cuyo sueldo anterior superar los 12,8 millones

En el segundo se aplican todas las limitaciones del primero y se añaden estas:

  • No se puede añadir dinero en metálico en traspasos
  • No se puede combinar contratos para sumar una cifra con la que hacer un traspaso
  • No se puede hacer sign and trade con los propios agentes libres si con ellos el salario resultante iría más allá del límite
  • La primera ronda de draft a siete años vista (2032 en este caso) queda congelada y no se puede incluir en traspasos.

De esta forma, las cuenta se complican en ese ecosistema de techo blando que permite a los equipos sortear la cifra exacta del salary cap e ir más allá a la hora de confeccionar su plantilla para una temporada a base de excepciones a su disposición, contratos mínimos y otras opciones. El cap, eso sí, establece la disponibilidad de espacio salarial para fichar a jugadores en el mercado de agentes libres (si no se usan contratos mínimos, excepciones como la citada midlevel…). Las franquicias cuentan con armas tan importantes como la Larry Bird exception, lo que coloquialmente se conoce como los Bird rights (derechos Bird). En 1983, la NBA introdujo por primera vez un salary cap en su convenio colectivo. En lugar de uno duro, se eligió el blando (soft cap y no hard cap) con unas cuantas excepciones para dar más maniobrabilidad a las franquicias. Justo en ese momento, Larry Bird estaba en último año de contrato y podía tener por primera acceso al mercado de agentes libres (en su versión, también prehistórica, de entonces). La qualifying veterans free agent exception fue, desde entonces, la excepción Bird o los derechos Bird, una herramienta fundamental para que los equipos retengan a los jugadores que ya tienen en plantilla.

Existen varias modalidades para ir más allá del límite del cap y pagar a los propios agentes libres: los Full Bird Rights, derechos completos, son para jugadores que han pasado tres años en el mismo equipo sin salir a la agencia libre. Los Early Bird Rights son para jugadores con dos años en el equipo sin haber sido agente libre y los Non-Bird Rights, para cuando se ha estado solo una temporada. Estos últimos permiten al equipo pagar al jugador un 120% de su salario anterior en el nuevo contrato aunque se supere el tope salarial. Los Early Bird Rights permiten pagar el 175% del salario de la temporada anterior o el 104,5% del salario medio de la liga, cualquiera que sea (de esas dos) la cifra más favorable. Con los Full Bird Rights, el techo es el salario máximo establecido por el convenio, y ningún otro. Este puede ser el 25, el 30 o el 35% del salary cap total del equipo en función de los años que lleve el jugador en la NBA y de si ha alcanzado algunos logros individuales (premios, inclusión en los Mejores Quintetos...). Puede firmar (algo que no sería posible en otros equipos si cambia de camiseta como agente libre) por hasta cinco años y con subidas de un 8% anuales a partir de la primera cifra establecida. En cuanto a traspasos, algo importante en la ingeniería de muchas operaciones, si un jugador ha estado tres años completos con un equipo antes de la operación, el nuevo recibe sus Bird Rights, algo trascendental de cara a renovaciones futuras.

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